Juan Macías instrumento de Dios
Jaque mate a Bustamante
Fray Juan Macias, se consideraba deudor de los pobres oprimidos, marginados, humillados y de los hombres sin voz para defenderse. Quería que los demás, sobre todo, los ricos, se sintieran también solidarios con los cristos sufrientes de la tierra, y cuando veía o experimentaba el desprecio de los poderosos a la causa de los pobres, enseguida ponía en jaque mate a sus negocios, como el caso ocurrido al comerciante Bustamante.
Cierto día llegó fray Juan Macías a la tienda de Bustamante, para pedirle de limosna un retazo de tela para vestir a un desdichado. El comerciante, no se sabe si por, avaro o por anticlerical, en vez de tela, le hartó de groserías y le despidió de mal modo. Desde aquel momento como si una mano misteriosa hubiera puesto una tranca en la puerta de 1a tienda de Bustamante, nadie entraba a comprar. Pasó un día, una semana y nada. Bustamante estaba inquieto. El negocio se le iba a la quiebra. Conversando del asunto con un amigo cae en la cuenta de la posible causa de su ruina: haber negado a fray Juan Macías la tela que pedía de limosna.
Sin más pérdida de tiempo, coge una pieza de tela bajo el brazo y se dirige de prisa a la portería de la Recoleta. Fray Juan, le dice avergonzado, acepte esta pequeña ofrenda para sus pobres, y perdone mi mal comportamiento. Dios te lo pague, hermano, le responde fray Juan. Vuelve rápido a tu tienda que los clientes te esperan. Efectivamente, fue el mejor día para el comerciante. Lo que se da a los pobres, con gusto y buen humor, Dios lo recompensa a manos llenas.
Curación de una niña accidentada
Los santos tienen la conciencia clara de estar en el mundo para colaborar en la realización de los planes del Creador. Por eso, procuran hacer todo conforme al querer divino. Si encuentran díficultades que sobrepasan a su capacidad, recurren a la oración, con la plena confianza de alcanzar lo que piden; por que saben que "para Dios nada es imposible". Fray Juan Macías fue uno de ellos, como lo demuestra la curación de una niña gravemente accidentada.
Por la Calle de la Amargura( Jr. Camaná), corren dos caballos desbocados arrastrando una caleza. De repente, una niña sale corriendo de su casa y los caballos la atropellan. Es la hija de Juan Delsil y Juana Entibuós. La pequeña agoniza, con el cuerpo horriblemente destrozado. Es un caso perdido. No hay nada que hacer. En medio del bullicio y desconcierto, alguien sugiere: Llevémosla a fray Juan Macías. Y, todos a una, se dirigen a 1a portería de la Recoleta. Fray Juan, al ver la aflicción de los padres de aquella niña, invita a todos los presentes a orar de rodillas al Padre, Dueño y Señor de la Vida. Después de orar en profundo recogimiento, fray Juan se pone de pie; invoca al nombre de Nuestro Señor Jesucristo y haciendo la señal de la cruz sobre la criatura agonizante, la toma en sus brazos y se la entrega viva a sus padres, como si acabara de despertar de un largo sueño.
El Señor es fiel a sus amigos. El ha dicho: "Pedid y recibiréis".
No exceptuaba a nadie.
Fray Juan Macías cristalizó en su vida el ideal de toda evangelización: "Proclamar la Buena Nueva y contribuir a que esta Palabra tenga la efectividad histórica y social que le es propia, dentro de la acción transformadora del mundo" (Doc. Evangelización 1973).
El testimonio de la vida de fray Juan Macías, preferentemente consagrada a los hombres que sufren, no fue óbice para dedicarle también el tiempo necesario a los demás, especialmente a los pecadores.
Puesto que Dios hizo a todos los hombres a su imagen y semejanza y, en su infinita bondad, no quiere que nadie se pierda. Los días domingos y fiestas religiosas mandaba llamar a la portería del convento a las personas que sabía llevaban una vida desordenada y escandalosa. En pacientes y caritativas conversaciones, les corregía de su mala conducta y los estimulaba a la conversión.
De esta manera, fray Juan Macías fue instrumento para que se cumpliera lo que quería Jesús: "Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva".
Fray Juan catequista
Fray Juan Macías llegó a constatar, en contacto diario con las gentes, que, a pesar, de los esfuerzos las pastorales de los sacerdotes, predicadores, y doctrineros, muchos hombres vivían aún alejados o de espaldas a Dios. El clamor de los explotados y oprimidos, particularmente de los negros e indios, pedía clemencia al
cielo, a causa de su miseria, sufrimientos, desconocimiento de sus derechos y atropello a su dignidad.
A partir de este presupuesto, fray Juan se preocupaba no solo de llenar los estómagos vacíos, sino de impartir también enseñanza religiosa a cuantos llegaban a él.
A pesar de no haber pisado las aulas escolares, conocía muy bien las enseñanzas del Evangelio,a fuerza de escuchar a los sacerdotes en el templo. Las vivía con fidelidad y era capaz de comunicarlas a otros en un lenguaje directo y sencillo. Antes de repartir los alimentos a los pobres o de socorrerlos con otras cosas, los instruía en la doctrina cristiana, oraba con ellos y les inculcaba el amor a Jesús Eucaristía, que por amor a los hombres quiso quedarse para alimento de las almas. Los animaba a aprovecharse de la gracia de los sacramentos, y los invitaba escuchar la Palabra de Dios, en las celebraciones litúrgicas.