Orar por los muertos es cosa buena y santa

El ladrón del purgatorio

Fray Juan Macías es el prototipo de los devotos del Rosario. Desde su infancia, bebiendo la leche materna, aprendió a gustar de esta devoción Evangélica. En su largo peregrinar por el mundo, conservó el rosario que le dejara como herencia su madre. Gustaba de rezarlo en forma permanente, implorando la misericordia del Señor por las almas del purgatorio. Por eso la iconografía religiosa lo representa librando a las almas del purgatorio con el rosario, y sus biógrafos acertadamente le han llamado "el ladrón del purgatorio".

A la hora de su muerte le reveló al prior del convento: "Por la misericordia de Dios, con el rezo del santo Rosario, he sacado del purgatorio un millón cuatrocientas mil almas. Cuando oraba en el templo, con frecuencia oía el rumor suplicante de personas que le hablaban y no alcanzaba a ver; esta pero percibía claramente sus voces. Fray Juan hasta cuando estaremos privada de ver a Dios? Ayúdanos. ¿Quiénes son Uds.? preguntaba Fray Juan, Somos las almas del purgatorio les respondían. Acuérdate de nosotras. Socórrenos con tus oraciones, para que salgamos de esta terrible soledad.

En atención a estas frecuentes visitas y súplicas, fray Juan rezaba incansablemente el santo Rosario.Visitaba con frecuencia a Jesús Sacramentado; participaba en la santa misa y hacía muchas obras de caridad, con esta intención."Orar por los muertos es cosa buena y santa". (2 Mc.12, 45) Porque, dice el Señor: "nada manchado entrará en el reino de los cielos". En la vida del hombre, hay muchas imperfecciones, negli gencias e indiferencias que purificar. Mucho egoísmo, codicia y orgullo que limpiar, antes de con templar a Dios cara a cara.

 

Un dominico al Servicio de la caridad

Fray Juan Macías fue un religioso seriamente comprometió con el acontecer histórico del Perú del

siglo diecisiete, ya como pastor de ovejas, ya como religioso dominico. Fomentó la solidaridad y fraternidad, entre la gente que le rodeaba. Se ingenió soluciones reales para aliviar la miseria y la ignorancia religiosa, y condujo a muchos a un sincero cambio de vida.

Como religioso dominico realizó su vocación, poniendo al servicio de los que sufren lo mejor de sí mismo. Le preocupaba los hombres que, por ir en busca del oro y de la plata, se alejaban de Dios. Para lograr su conversión, rezaba incansablemente el santo Rosario, hacía duras penitencias y multiplicaba sus servicios de caridad. Dialogaba con ellos y no quedaba tranquilo hasta hacerlos entrar por el camino de la conversión. Todo esto y mucho más, lo hacía en una atmósfera de oración. La Recoleta de la que fray Juan Macías era portero, era precisamente una casa de oración y contemplación, dentro de las normas de la estricta observancia regular. Fray Juan Macías llevaba muy metidas en el alma las palabras de San Pablo: "Sea que comas, que duerma o que hagas cualquier, cosa, hazlo todo para la gloria de Dios".

Para fray Juan no había horas consagradas a Dios y horas dedicadas al prójimo. Para él, dar de comer al hambriento o devolver la alegría al triste, era hacer oración. Más aún, su pensamiento siempre estaba clavado en Jesús Sacramentado, máxima expresión del amor de Dios a los hombres. De esta manera, realizaba el anhelo de la Iglesia de todos los tiempos: "Lograr que la vida auténticamente cristiana, sea ofrecida como un culto al Creador y al Salvador".(Doc. Evangelización 1973).