Rosa, que había de ilustrar y ennoblecer su hogar, nació el 20 de Abril de 1,586 y fué bautizada en la parroquia de San Sebastián por el cura D. Antonio Polanco, el 25 de Mayo, día de Pascua del Espíritu Santo, siendo sus padrinos Hernando de Valdés y María Orosco, poniéndosele el nombre de Isabel, que era el de su abuela materna. Muy arraigada estuvo de la opinión de haber ocurrido su nacimiento el 30 Abril y a extenderla contribuyó uno de los mejores biógrafos de la Santa, D. José Manuel Bermúdez, pero hay razones poderosas que nos fuerzan a desvanecerla. Tanto el primero de los biógrafos de
Rosa, Fray Pedro de Loaiza, que al mismo tiempo fue confesor, como su propia madre, en la informacion que dió de su vida y consta en los Procesos, declaran que nació el 20 de Abril. Hansen, el más célebre y el más diligente historiador de la Santa que examinó en Roma la documentación enviada por sus hermanos los dominicos del Perú, también señala esta fecha. El mismo Bermúdez confiesa que comúnmente se señalaba ese día y la Bula de su Canonización lo corrobora.
No fué un hecho trivial el que se trocase el nombre de la hija de María de Oliva. Las primeras en llamarla Rosa fueron la india Mariana, que desde muy corta edad entró al servicio de María de Oliva y dos niñas que frecuentaban la casa. día, al contemplarla en la cuna o más sonrosado que otras veces o más hermosa, dieron en exclamar: "Ay, qué linda es esta niña. Parece una rosa". Acudió la madre y satisfecha, dijo que bien merecía llamarse así. Se celebró la idea y tan justo pareció a todos el nombre, si exceptuamos a la abuela, que desde entonces no se le dio otro. La única en no querer aceptarlo fue ella misma.
Y a mayor y, prevenida por la gracia, al darse cuenta que ese nombre se le había dado aludiendo a su hermosura, repugnaba que así la llamasen. Dice el Contador Don Gonzalo de la Maza, que, al saber que hay una santa de este nombre, se alegró y él le dio a leer la Vida de Santa Rosa de Viterbo.Pero aun antes de esto un favor que recibió del cielo vino a aquietar sus escrúpulos y a certificarla de que en el trueque se ocultaba un designio providencial. Su madre misma nos lo ha dejado referido. Después de decir que la mortificaba el que le diesen este nombre, añade que, contando su hija unos 25 años, un día viniendo de comulgar en Santo Domingo, le dijo resueltamente: "de aquí en adelante no hay sino llamarme Rosa de Santa María". Extrañó la madre estas palabras y con cierta curiosidad le preguntó cuál era la causa de esa mudanza. La Santa se 1a dio con toda llaneza de esta manera.
Había ido aquella mañana al templo como tenía de costumbre y en lugar de confesarse con su confesor ordinario acudió a otro. Le dijo, entre otras cosas, que le causaba desconsuelo y la desazonaba que la llamasen Rosa, a lo cual le había replicado, él: "¿Pues, hija, no es vuestra alma como una rosa en que se recrea Jesucristo?" Estas palabras penetraron en su interior y al ir a comulgar se imaginó que depositaba en el regazo de María Santísima su alma, cual otra Rosa, suplicándole la recibiese y entendió ella claramente que la Virgen la recibía por suya y escuchó que la llamaba Rosa de Santa María y se persuadió que éste había de ser su nombre y así que la llamasen con él, pues le recordaría quién era el dueño de su alma.
Más adelante, en aquella maravillosa visión con que fue recreada el año mismo de su muerte y en que celebró sus místicos desposorios con su Amado Jesús, éste se dignó confirmarle aquel dulce nombre, al decirle: Rosa de mi corazón, sé mi esposa.