DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

JUSTICIA Y PAZ - DERECHOS HUMANOS*

I. DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Quizás algunos de ustedes se están preguntando ¿Por qué se ha incluido estos temas en una Semana Teológica? ¿No debe la Teología simplemente tratar sobre Dios? Claro, tendría toda la razón pero, ¿se puede tratar de Dios sin tratar de su relación con la humanidad? ¿No es cierto que toda la revelación en las Sagradas Escrituras trate solamente de la relación de Dios con la humanidad? ¿No es porqué creemos en Dios que, desde esa fe, queremos saber más de su relación con nosotros? Santo Tomás de Aquino define la Teología como La Fe buscando entendimiento, (Fides querens intelectum).
El mismo Santo Tomás insiste que el hombre, nosotros, queremos saber más sobre Dios porque Él es nuestro origen y nuestra meta y, por eso, nace la teología.
En la teología dogmática, partiendo de nuestra fe, buscamos un mejor entendimiento sobre Dios mismo en un tratado que se llama Dios Uno y Trino; también sobre la persona de Jesucristo (Cristología) y la Iglesia y los sacramentos (eclesiología).
En la teología bíblica buscamos un mejor entendimiento de los misterios de la Palabra de Dios revelado a la humanidad, estudiando los textos en sus contextos históricos, sociales y religiosos.
Y, para comprender mejor la relación  de Dios con su creación, especialmente con los seres humanos y la relación de nosotros con Dios, nuestra relación los unos con los otros y nuestra relación con la sociedad y con la misma naturaleza, hay la teología moral que abarca no solamente un estudio de la ética y la moralidad personal sino también la antropología  teológica y la moralidad social. Este último se llama Doctrina Social de la Iglesia.
En una palabra más sencilla, la Doctrina Social de la Iglesia intenta exponer, desde la fe y la revelación de Dios, con la guía del Espíritu Santo  y el Magisterio de la Iglesia, los principios y los  criterios para lograr una convivencia universal  de paz, justicia y amor en el mundo creado por Dios. Entonces, la Doctrina Social de la Iglesia no es, ni pretende ser, una alternativa política ni una incursión en los asuntos de los gobiernos; tampoco pretende ser una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo o una nueva manera de organizar la sociedad, Es, como repito, parte de la Teología Moral orientando, desde los principios de nuestra fe en la persona de Jesucristo y su acción redentora desde la cruz, los principios y criterios morales aplicado a la sociedad.
La misión de la Iglesia es, principalmente, la de continuar la obra iniciada por Jesucristo y cumplir el mandato recibido, a través de sus Apóstoles, de ir por el mundo entero, enseñando  el mensaje de salvación y bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. El único propósito de la Doctrina Social de la Iglesia es ayudar a todas las personas a descubrir la salvación en Jesucristo  (Juan Pablo II – Centésimo Año). San Pablo dijo: “¡Ay de mi si no evangelizo!” Y, el Papa Pablo VI, en su Exhortación Apostólica “Evangelio Nuntiando”, reconoció a la Evangelización no solo como tarea propia de la Iglesia sino como la tarea que justifica la existencia de la Iglesia misma. La Doctrina Social es parte esencial de la tarea evangelizadora de la Iglesia, tarea irrenunciable.
No se trata de una ideología cristiana sino de una teología moral social cuyos fundamentos son el Evangelio mismo, el Magisterio de la Iglesia y la tradición apostólica. La Fe, en interacción con la razón, busca aplicar a una sociedad siempre cambiante, el mensaje de Jesús con sus valores para que la sociedad refleje más fielmente el plan de Dios para la humanidad. Es importante notar que la Teología siempre se ha unido con la filosofía en la búsqueda de la verdad. Ahora, además de la filosofía, también aprovecha de las ciencias sociales y humana es esa búsqueda porque en la búsqueda de la verdad no excluye fuente de saber alguno.
¿Para qué una doctrina moral social si el pecado es siempre una ofensa personal contra Dios y/o el prójimo? Sin embargo, existen actitudes y situaciones de injusticia institucionalizada como, por ejemplo, la discriminación  racial o leyes laborales injustas y muchas más. Estas situaciones o actitudes constituyen el pecado social en lo cual participan grandes sectores de una población, debido a ignorancia o complicidad. Frente a estas situaciones sociales negativas, el objeto principal de la Doctrina Social de la Iglesia es anunciar la verdad del evangelio y denunciar el pecado que afecta a la sociedad como tal. La finalidad, entonces, de esta doctrina no es simplemente de orden religioso  sino también de orden moral. El hombre es esencialmente un ser social. Los mores y costumbres de su medio ambiente influyen en su formación y su práctica. La Doctrina Social fundamentalmente se orienta hacia un humanismo más pleno, es decir, hacia la liberación de todo que oprime al hombre. En otras palabras, su finalidad es contribuir a la construcción de una sociedad más humana, una verdadera civilización de la paz.
Esta doctrina, por supuesto, está dirigida principalmente a las comunidades eclesiales para que la presencia cristiana, encarnada en la sociedad multi étnico y multi religiosa pueda, viendo el comportamiento social de los cristianos, descubrir la presencia de Cristo vivo en su propia historia. Es el  testimonio de la fe que es la forma más eficaz a evangelizar.

II,  ASPECTOS HISTÓRICOS
            “Ámense los unos a los otros como Yo les he amado” – mandato fundamental de la enseñanza de Cristo y, por ende, de toda la doctrina cristiana. Es la manifestación de lo que se llama la Regla de Oro: “Todo  cuanto que quieren que les hagan los hombres, háganlo también  ustedes a ellos.” (Mt 7, 12).
            “Porque pobres tendrán siempre con Ustedes” (Mt. 26, 11) Estas palabras de Jesús, poco antes de sufrir su pasión, nos indican que él siempre fue consciente de la problemática número uno en la humanidad – la pobreza, fruto de la injusta y desigual distribución de los bienes materiales de este mundo. Su forma de actuar y hablar frente al sufrimiento humano como su actitud frente a la hipocresía de los dirigentes de la sociedad judía también son manifestaciones de su opción preferencial para los pobres y marginados. Estas actitudes y pronunciamientos no hacen otra cosa sino seguir en la tradición de los profetas de Israel a través de toda la Sagrada Escritura. Por eso, el fundamento histórico principal de la Doctrina Social es la Palabra de Dios, revelado a los creyentes a través de la Historia Sagrada.
            También es evidente, no solo de los demás libros del NT sino también en los escritos de los padres de la Iglesia  desde el inicio de la actividad evangelizadora de la Iglesia. Sin embargo, no podemos hablar de la doctrina o enseñanza social de la Iglesia en una manera organizada hasta los fines del siglo XIX con la Carta Encíclica del Papa León XIII  Rerum Novarum  Esta Encíclica, escrita en reacción a las injustitas nacidas de la Revolución Industrial da lugar a un nuevo género literario del Magisterio Papal – La Encíclica Social. Desde esa fecha hasta hoy, los Papas han manifestado, en cada época, frente a nuevos desafíos, los principios evangélicos para los cristianos y, para todas las personas de buena voluntad.
            La Rerum Novarum del Papa León XIII afrontó la cuestión obrera en medio de un conflicto social muy profundo. Esta Carta ha servido y sirve aún como paradigma de las cartas encíclicas del Magisterio. En ella, partiendo de la dignidad de cada persona, se asentó  la doctrina sobre el sueldo justo como un sueldo familiar y el derecho a los trabajadores a reunirse en asociaciones o sindicatos. En esa Encíclica el Papa León insistía que esa clase de conflictos solamente podrían ser resueltos mediante la colaboración entre todas las fuerzas.
            Para conmemorar el aniversario nº 40 de la Encíclica del Papa León XIII, el Papa Pío XI escribió su Encíclica Quadrigésimo Anno, en la cual reafirmó la doctrina expuesta en el Rerum Novarum e insistió que el estado, en sus relaciones con el  sector privado debe aplicar el principio de la subsidiaridad. Esta carta apareció en medio de la crisis económica de 1929, insistiendo que se aplique una ley moral reguladora de las relaciones humanas con el fin de superar el conflicto de clases y llegar a una nueva orden basada en la justicia y en la caridad.
            El mismo Papa escribió varias encíclicas contra el surgimiento de fascismo en Italia y en Alemania- También escribió la Encíclica Divini Redemptoris contra el comunismo ateo, definiéndolo como intrínsicamente malo.
            Aunque el Papa Pío XII nunca escribió una encíclica social, sus mensajes radiales fueron escuchados por millones en el mundo.  Habló siempre sobre un nuevo orden social gobernado por el derecho y la moralidad y centrado en la justicia y la paz.
            El Papa Juan XXIII, sin duda, está más conocido por convocar el Concilio Vaticano II.  Sin embargo, antes del Concilio, el “Papa bueno”, como lo llamaron, escribió 2 encíclicas sobre la situación social  de su época. En la primera, la Mater et Magíster, tocó, por primera vez, el problema agrícola junto con la cuestión obrera. Con la universalización de la problemática social, insistió en la necesidad de una cooperación económica mundial.
            Con su encíclica “Pacem in Terris,” el Papa trata especialmente el tema de paz, en una época marcado con la proliferación nuclear. Es la primera vez que un documento del Magisterio se dirige a “todos los hombres de buena voluntad”.
            No cabe la menor duda que el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX fue la realización del Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII y clausurado por el Papa Pablo VI.  Y, la Constitución pastoral “Gaudium et Spes,” es el documento  que redefinió la relación entre la Iglesia y el mundo no eclesial. En este documento se delinea el rostro de una Iglesia solidaria con la humanidad y toda su historia. Es, en realidad, un estudio orgánico de los temas de la cultura,  de la vida económica y social, del matrimonio y de la familia, de la comunidad política, de la paz  y de la comunidad de los pueblos a la luz de la visión antropológica cristiana  y de la misión de la Iglesia.
            El Papa Pablo VI, a la luz de  la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” de Vaticano II, escribió la Carta Encíclica “Populorum Progressio”  que produjo una reacción fuerte y negativa en los medios políticos y económicos del primer mundo. La Encíclica está estructurado sobre dos temas fundamentales: las coordinadas de un desarrollo integral del hombre y de un desarrollo solidario de la humanidad. El desarrollo para el Papa Pablo VI es “el paso de condiciones menos humanos a  condiciones de vida más humana” Para él, “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.
            Ese mismo año, 1967. el Papa instituyó la Pontificia Comisión “Justicia y Paz”. Y, desde el 1º de enero de 1968, la Iglesia celebra cada año la Jornada Mundial de la Paz. Unos años más tarde, Pablo VI escribió una carta Apostólica conmemorar los 80 años de la “Rerum Novarum” la Octagesimo Adveniens. Es una reflexión profunda sobre la sociedad post industrial, tocando los temas de la urbanización, la condición juvenil, la situación de la mujer, la desocupación, las discriminaciones, la emigración, el incremento demográfico, la influencia de los medios de comunicación y el medio ambiente. Es, también, la Carta en la cual promueve la participación de los laicos cristianos en la vida política, reconociendo la política a favor del bien común como una vocación digna.
            Juan Pablo II, en su largo pontificado, ha escrito múltiples Encíclicas y Cartas Apostólicas. Entre ellas, 3 son específicamente sociales: su primera, sobre el trabajo humano – “Laborem Exercens”; su segunda “Sollicitudo  Rei Sociales” conmemora el 20 aniversario de la Populorum Progressio de Pablo VI; su tercera, “Centesimus Annus” muestra la continuidad en la doctrina al conmemorar los 100 años desde la “Rerum Novarum”.
            En sus otras Encíclicas y Cartas Apostólicas, el Papa Juan Pablo II no dejó de tocar los principios y criterios para una convivencia humana y pacifica, acentuando las verdades fundamentales de la Fe cristiana.
            Y, por último, el Pontífice actual, Benedicto XVI, hace muy poco, ha publicado su primera Encíclica social, “Caritas in Veritate” que es una análisis profunda de la situación social actual en medio de la llamada crisis económica globalizada.
            Se ha mencionado esta serie de enseñanza del Magisterio de la Iglesia, en primer lugar, para manifestar la continuidad en la enseñanza pontificia sobre la relación de nuestra fe revelada y como debe estar encarnado en la realidad en que vivimos. En segundo lugar, muestra que no se trata de pronunciamientos dogmáticos sino un desarrollo sistemático de principios inviolables a cada circunstancia social que se presente con el paso de tiempo.
Creo que es importante, también, tomar nota del hecho que también forman parte del Magisterio doctrinal los documentos que recogen las conclusiones de las Conferencias del Episcopado Latinoamericano y Caribeñó desde 1968 en Medellín. Colombia hasta la última en Aparecida, Brasil, hace 2 años. Son de importancia porque proponen la forma pastoral de aplicar, en nuestro medio, la Doctrina Social.
           
III. FUNDAMENTOS PRINCIPALES DE LA DOCTRINA SOCIAL
        
Leemos en el primer capítulo del Libro de Génesis: “Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestro imagen, como semejanza nuestra”. Por eso, la Iglesia ve en cada hombre y en cada mujer la imagen viva de Dios. Desde esta verdad básica y la doctrina de la Encarnación de Jesús para devolver a la raza humana su relación primordial con su creador podemos ver los principios fundamentales del desarrollo de toda la doctrina social de la Iglesia:

DIEZ PRINCIPIOS EN LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
He aquí unos bloques fundamentales sobre los que descansa toda la doctrina social de la Iglesia.  

1.         El principio de la Dignidad de la Persona Humana
Todo ser humano es creado a imagen de Dios y redimido por Jesucristo y, por lo tanto,  es de un valor incalculable y digno de respeto como miembro de la familia humana
Este es el principio fundamental de la enseñanza social católica. Toda persona - prescindiendo de raza, sexo, edad, patria, religión, inclinaciones sexuales, empleo o nivel económico, salud, inteligencia, éxitos o cualquier otra característica diferenciador – es digna de respeto. No es lo que uno hace o tiene lo que da derecho al respeto,  lo que establece la dignidad de uno es sencillamente el ser una persona humana. Dada esa dignidad, la persona humana en  la visión católica  nunca es un medio, es siempre un fin.
El cuerpo de la doctrina social católica comienza con la persona humana, pero no termina ahí. Los individuos tienen su dignidad personal; pero el individualismo no tiene lugar en el pensamiento social católico. El principio de la dignidad humana da a la persona el derecho a la pertenencia, como miembro, a una comunidad, la familia humana.

2.         El principio del Respeto por la Vida Humana
Toda persona, desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, posee una inherente dignidad y el derecho a la vida, que fluye inevitablemente de dicha dignidad.
La vida humana en cualquier estadio de su desarrollo o decadencia es preciosa y, por lo tanto, digna de protección y respeto. Es siempre equivocado atacar directamente a una vida humana inocente. La tradición católica ve  lo sagrado de la vida humana como parte de cualquier visión moral en orden a una sociedad justa y buena.

3.         El Principio de Asociación.
Nuestra tradición proclama que la persona humana no es solamente sagrada sino también social. La manera cómo organicemos nuestra sociedad – en economía y política, en las leyes y ordenamiento político – afecta directamente a la dignidad humana y a la capacidad de los individuos de desarrollarse en la comunidad
La pieza central de la sociedad es la familia: la estabilidad de la familia debe siempre ser protegida y nunca socavada. Mediante la asociación con otros – en familias y en otras instituciones sociales que fomentan el crecimiento, protegen la dignidad y promueven el bien común – la persona humana alcanza su realización.

4.         El Principio de Participación.
Nosotros creemos que las personas tienen el derecho y el deber de participar en la sociedad, buscando juntos el bien común y el bienestar de todos, especialmente de los pobres y más vulnerables
Sin participación, los beneficios disponibles para un individuo a través de cualquier institución social no consiguen su objetivo. La persona humana tiene el derecho de no ser excluida de la participación en aquellas instituciones que son necesarias para el desarrollo humano.
Este principio se aplica de manera especial a las condiciones relativas al trabajo. “El trabajo es más que un medio de ganarse la vida; es una forma de participación continua en la acción creadora de Dios. Si se ha de proteger la dignidad del trabajo, se deben respetar los  derechos fundamentales de los trabajadores –el derecho a un trabajo productivo, a un salario decente y justo, a organizar sindicatos y a afiliarse a ellos, a la propiedad privada, y a la iniciativa económica

5.         El Principio de la Protección Preferencial de los Pobres y Vulnerables
Nosotros creemos que estamos en contacto con  Cristo cuando lo estamos con los pobres. El relato del juicio final tiene un importante papel en la tradición de la Fe Católica. Desde sus primeros días la Iglesia ha enseñado que seremos juzgados por lo que hayamos elegido hacer o no hacer al hambriento, al sediento, al enfermo, al que no tiene hogar, al encarcelado. Hoy la Iglesia expresa esta enseñanza  con los términos de “opción preferencial por los pobres”.
¿Por qué este amor preferencial por los pobres? ¿Por qué poner las necesidades de los pobres en primer lugar? Porque el bien común – el bien de la sociedad en su conjunto –  lo requiere. Lo opuesto al rico y poderoso es el pobre y desvalido. Si el bien de todos, el bien común, ha de prevalecer, la protección preferencial ha de ser para los afectados negativamente por la ausencia de poder y por la presencia de privación. De lo contrario, el equilibrio requerido para mantener a la sociedad unida se romperá en detrimento del conjunto. 

6.         El principio de solidaridad
La enseñanza social católica proclama que todos somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que vivan. Somos una familia humana... Aprender a practicar la virtud de la solidaridad significa aprender que ‘amar a nuestro prójimo’ en un mundo interdependiente tiene unas dimensiones globales
El principio de solidaridad lleva a decisiones que promuevan y protejan el bien común.
La solidaridad nos llama a responder no simplemente a las desgracias personales individuales; hay problemas sociales que están pidiendo a gritos estructuras sociales más justas. Por esta razón la Iglesia nos esta llamando hoy no sólo a comprometernos en las obras de caridad sino también a trabajar por la justicia social.

7.         El Principio de Administración
La tradición católica insiste en que demostremos nuestro respeto por el Creador  mediante  la administración de la creación
El administrador es un gerente, no un propietario. En una época de creciente conciencia  respecto a nuestro entorno físico, nuestra tradición nos está llamando a un sentido moral de responsabilidad en relación con la protección del medio ambiente – campos de cultivo, praderas, bosques, aire, agua, minerales y otras reservas naturales. Las responsabilidades de administración se refieren también al uso personal de nuestros talentos, al cuidado de nuestra salud personal y al uso de nuestras pertenencias.

8.         El Principio de Subsidiaridad
Este principio trata principalmente de “las responsabilidades y límites de gobierno, y de los papeles esenciales de las asociaciones de voluntariado
El principio de subsidiaridad pone un límite adecuado a la acción del gobierno, insistiendo en que ninguna instancia superior debe realizar una función que pueda ejercer eficaz y eficientemente, en un nivel inferior, una organización de personas o grupos más cercanos a los problemas y cercanos a la base. Los gobiernos opresores violan siempre el principio de subsidiaridad; los gobiernos excesivamente activos también violan, a veces, este principio.
Por otra parte, los individuos, con frecuencia, se sienten desarmados ante los tremendos problemas sociales: el desempleo, gente que duerme en las aceras o pidiendo limosna en las esquinas de las calles. Al tener estos problemas dimensiones sociales, ninguna persona o grupo puede hacer mucho para solucionarlos. Aunque dando la debida importancia a la subsidiaridad, el Gobierno que recauda las tasas debe ayudar a los individuos, a las comunidades menores, y a la comunidad nacional a “hacer algo” respecto a tales problemas. Por consiguiente, cuando pagamos las tasas estamos contribuyendo al establecimiento de la justicia social.

9.         El Principio de la Igualdad Humana
La igualdad de todas las personas se deriva de su dignidad esencial.... Mientras que las diferencias en talentos son parte del plan de Dios, la discriminación social y cultural en los derechos fundamentales... no es compatible con el designio de Dios”.
Tratar a los iguales con igualdad es una de las maneras de definir la  justicia, entendida también clásicamente como dar a cada persona lo que le es debido. Subrayar la noción de igualdad es afirmar el principio elemental de justicia; uno de los primeros impulsos éticos que siente la persona humana en su desarrollo es el sentido de lo que es “justo” y de lo que no lo es. 

10.       El Principio del Bien Común
Por bien común se entiende el conjunto de condiciones que permite a las personas alcanzar el desarrollo pleno de sus capacidades humanas y llegar a la realización de su dignidad humana”.
Las condiciones sociales que la Iglesia tiene en mente presuponen “el respeto por la persona”, “el bienestar social y el desarrollo del grupo” y el mantenimiento, por parte de la autoridad pública, de la “paz y la seguridad”. Hoy, en una época de interdependencia global, el principio del bien común apunta a la necesidad de estructuras internacionales que puedan promover el justo desarrollo de las personas y familias en el ámbito regional y nacional.
Qué es lo que constituye el bien común va a ser siempre objeto de debate. La ausencia de sensibilidad respecto al bien común es un signo seguro de decadencia en la sociedad. En la medida en que el sentido comunitario se erosiona, la preocupación por el bien común declina. Una adecuada preocupación por la comunidad es el antídoto contra el desenfrenado individualismo, que, como el incontrolado egoísmo en las relaciones personales, puede destruir el equilibrio, la armonía y la paz en y entre los grupos, las vecindades, las regiones y las naciones.
Éstos son los diez principios. Es algo maravilloso incluir estos principios de la doctrina social de la Iglesia entre los puntos esenciales de la fe. Al hacerlo, afirmamos que nuestras creencias son la base de la acción. Para el cristiano no hay sólo credenda sino también agenda.  Nuestra agenda, por lo tanto, descansa sobre estos diez bloques de construcción:    

           
Seré muy honesto, estos diez principios fueron tomados de un documento publicado por la Conferencia Episcopal de las Estados Unidos y editados por el Superior General de los Padres Vicentinos.
Partiendo de estos principios fundamentales los documentos de la Iglesia, sin interrupción desde la Rerum Novarum del Papa León XIII hasta el presente, han querido ofrecer las orientaciones morales y pastorales en un mundo en constante cambio.
El tema de los Derechos Humanos encuentra una posición predominante en todas las encíclicas y documentos eclesiales. El Papa Juan XXIII, en su Encíclica “Pacem in Terris”explícitamente abarca el tema, coincidiendo con la Declaración Universal de la ONU.
Con relación a la opción preferencial de los pobres, se desarrolla la doctrina del destino universal de los bienes.  Aunque nunca se niega el derecho a la propiedad privada, en la tradición de la Iglesia  este derecho no se considera absoluto e intocable.  El Papa Juan Pablo II, en su discurso inicial de la Conferencia Episcopal LA, en Puebla, México decía con claridad: “Cada día hay ricos más ricos a costo de pobres, cada día, más pobres”. La fuente de muchos problemas sociales se encuentra en el hecho que unos pocos se adueñan de mucho mientras los muchos pobres y marginados están excluidos. Bienes materiales hay más que suficientes en este mundo pero muy mal distribuidos. La Justicia Social exige una más justa distribución de lo material que se respeta la dignidad de todas las persona.

VALORES FUNDAMENTALES DE LA VIDA SOCIAL

La Doctrina Social, además de principios que deben tener una sociedad para que rija una justicia para todos, indica también unos valores fundamentales. Estos valores están inherentes a la dignidad de la persona humana: esto valores son – la verdad, la libertad, la justicia y el amor. Evidentemente, sin la práctica de estos valores en la aplicación de los principios, no se lograría una sociedad en la cual cada persona, cada etnia, cada agrupación humana sea realmente respetado en su integridad.

APLICACIÓN A TEMAS SOCIALES ESPECÍFICOS

LA FAMILIA
De los documentos mencionados, hasta ahora, es en la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” que se trata ampliamente el tema de la Familia. Bien saben que la Iglesia siempre ha considerado la familia como la célula básica de la sociedad. Familia sana, sociedad sana. Hoy en día está en peligro la vida familiar. Con el énfasis en la educación moderna de valor del individuo y su desarrollo personal, que por supuesto son importantes, se ha llegado a los extremos de extraerlo de la Familia.
Y con la revolución sexual no solamente se ha eliminado tabúes sobre el sexo sino se ha menospreciado la importancia de matrimonio y estabilidad de familia. Como cristianos, seguimos convencidos de la sacralizad y la necesidad de la familia que vive de valores evangélicos y con la debilitación de la vida familiar, se debilita la misma sociedad.

EL TRABAJO HUMANO
Desde la primera encíclica sobre la cuestión obrera,  uno de los temas fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia es sobre  la dignidad del trabajo humano. Esta preocupación surge del principio de la dignidad de cada persona y su derecho a una vida digna con todo lo necesario para vivirla. Siguen presente, en todo el mundo pero especialmente en los países menos desarrollados, los problemas básicos en el mundo de trabajo desde la negación a los derechos a sindicalizarse al derecho a un sueldo justo y familiar. Todavía las mujeres reciben un trato discriminatorio en los centros de trabajo no solamente con el doble estándar en cuanto a sueldos iguales por igual trabajo sino también con el problema de acoso sexual. En nuestro medio existe aún la situación del trabajo infantil de toda clase, hasta niños en las minas o adolescentes en las fuerzas armadas.


VIDA ECONÓMICA
En su primera encíclica social, Caritas in Veritate  el Papa Benedicto XVI ha hecho un análisis de la situación mundial en medio de la peor crisis económico mundial después de la gran depresión de 1929. Tratar el tema de la economía, por supuesto, trae sus consecuencias. Hay economistas que  creen que su disciplina está por encima de la ley moral. Insisten que el mercado es la única medida de la economía y no entra un juicio moral. No tomen en cuenta estos señores en la avaricia en el corazón que infiltra y manipula sus leyes de oferta y demanda.
El Papa, como sus antecesores, exhorta por un nuevo orden mundial donde prima la justicia en que hay un desarrollo integral y solidario.


LA COMUNIDAD POLÍTICA
Como se ha insistido siempre, el Evangelio no es una ideología ni una tercera vía política entre el capitalismo y el socialismo. Su preocupación por el tema político surge de su doctrina del bien común. Sea cual fuera el sistema de gobierno, lo fundamental tiene que partir de la dignidad de cada persona de esa sociedad.
El tema de la vida política se ha tratado ampliamente en las encíclicas de Juan XXIII, Mater et Magíster y Pacem in Terris  antes del Concilio Vaticano II y en un forma muy específica en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes mismo Concilio. Posteriormente, Pablo VI, en su encíclica Populorum Progressio y en su Exhortación Apostólica Octagesimo Anno promueva la participación activa de los cristianos en lo que consideraba un servicio digno para la comunidad.
Juan Pablo II, en sus encíclicas Evangelium Vitae y Veritatis Splendor trata del rol de la autoridad en relación a la comunidad.
Siempre está rechazada toda clase de tiranía y opresión. Igualmente rechaza toda interferencia en las opciones personales en cuanto a la vida religiosa, cualesquiera que sea, y la educación de los hijos.


LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Otro tema de sumo interés en el desarrollo de una doctrina sobre las relaciones internacionales. La Iglesia Católica es, naturalmente, universal. Esto es lo significa la palabra “católica”. En los documentos de los últimos Papas, se resalta la importancia de las Organizaciones Internacionales, como la ONU. Pablo VI, Juan Pablo II  y Benedicto XVI han dirigido la palabra a la Asamblea de esa organización mientras Juan XXIII adoptó su declaración de Derechos Humanos, incorporándola en su encíclica Pacem in Terris. Se resume la enseñanza diciendo que solamente si hay colaboración entre las naciones se puede garantizar el derecho al desarrollo y realmente luchar contra la pobreza mundial.

El Papa Juan Pablo II en su carta Tercer Mileniun Adveniens y en su discurso para la Jornada de la Paz, 1998, exhortaba para que se condone la deuda externa de los paises pobres.


SALVAGUARDA EL MEDIO AMBIENTE

Uno de los temas más urgentes en nuestra época es la relación del ser humano con el medio ambiente. Desde la perspectiva de la doctrina social, el cuidado del la naturaleza es una responsabilidad común de todas las naciones y de todos los individuos. El Papa Juan Pablo II, en múltiples documentos y discursos ha insistido en esa responsabilidad. No solamente se están acabando unos recursos naturales debido a la avaricia humana y falta de sentido común sino que los drásticos cambios climáticos, debido al mal uso de esos bienes, naturales podrían producir eventos catastróficos.

LA PROMOCIÓN DE LA PAZ

Desde su inauguración  el 1º de enero, 1968, por Pablo VI, de l a Jornada Mundial de la Paz, la promoción de la Paz ha sido uno de los temas más promovido por la doctrina social. Solamente se defiende el derecho legítimo de auto defensa cuando todos los demás medios has sido usado.
La paz que se promueve no es simplemente la ausencia de la guerra sino la paz que es fruto de la justicia. Según nuestra doctrina, si ni hay justicia en la sociedad, nunca habrá realmente paz. La gran mayoría de los problemas sociales forman una sementera para el disturbio en la sociedad.
Hoy, se habla de una guerra preventiva con la arrogancia de ser dueños del mundo. Conforme nuestra doctrina la violencia engendra más violencia.

PUESTO EN ACCIÓN
Hay gente que critica la doctrina social de la Iglesia como si fuera una utopía, muy teórica e ineficaz. Ciertamente es un ideal, algo de anhelar, Pero también es algo para motivar.
Desgraciadamente, el concepto de la política, y también de los políticos, está terriblemente deformado en casi todo el mundo. No hay confianza en los políticos. La razón es muy simple – no hay evidencia de interés en el bien común sino solamente en intereses propios o de su partido.
No se trata de pensar en un partido cristiano ni mucho menos en una teocracia. Se trata de que los cristianos tomen en serio las enseñanzas de Jesús en la vida diaria y práctica, desde su fe. Vivir la justicia social, dando testimonio en todos los amb
ientes que afectan la vida del hombre desde la vida familiar hasta la gobernación de una nación, viviendo de verdad los valores de la verdad con transparencia, la justicia y el amor.
Una tarea para todos es hacer conocer esta doctrina y promover su puesto en práctica. Esta es una tarea evangelizadora urgente.

*(Conferencia realizada por Fr. Lino Dolan, Chiclayo, octubre 2009)

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