LOS DOMINICOS EN EL PERU |
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Los primeros Misioneros Dominicos que zarparon de España con destino al Perú, fueron seis: de los cuales, fray Vicente Valverde fue el único que desembarcó en Tumbes, el año 1532, dos de sus compañeros habían muerto durante la travesía y tres hubieron de regresar a Panamá, desde la isla de la Puná, "fatigados de los trabajos y viendo que no hacían fruto en los indios". Fray Vicente Valverde, enérgico y justiciero, tomó parte en las primeras acciones de la Conquista en Cajamarca y Cusco, y en la fundación de las primeras ciudades cristianas del Perú, Piura, Jauja, Cusco y Lima. Nuevos operarios evangélicos Siguiendo las huellas de Fray Vicente Valverde, a poco tiempo de iniciada la gesta de la conquista, llegaron fray Tomás de San Martín, fray Juan de Olías, fray Domingo de Santo Tomás, fray Pedro de Ulloa, fray Gaspar de Carvajal, fray Martín de Esquivel y ocho religiosos más. Venían todos ellos, escribe el Padre Bartolomé de las Casas, animados de gran celo y deseo de padecerlo todo por Dios, con júbilo y alegría. Un vasto campo de acción se abría, pues, ante la mirada interrogante de aquellos mensajeros de Dios; por un lado indios expuestos al abuso de los conquistadores; por otro, conquistadores ambiciosos, envueltos en sangrientas luchas civiles, conciliar y apaciguar a estos, defender e instruir a aquéllos; he ahí la titánica tarea que les cupo afrontar a los abnegados misioneros dominicos. Mas, no por eso, la siembra del Evangelio fue sofocada. Pronto aparecieron las primeras comunidades cristianas en las principales provincias y ayllus: Piura, Trujillo, Chicama, Jauja, Tarma, Cusco, Yanaoca, Urubamba, Chumbivilcas, Pomata, Juli, Chucuito, Arequipa, Moquegua, Locumba, Chincha, Palpa, Huánuco, Yungay, Huancavelica, Canta, Lima, Huarochirí, Chacras, Chancay y cientos de pueblos más que se honran de haber tenido a los dominicos por sus primeros catequistas y maestros. Es verdaderamente admirable cómo aquellos" pocos misioneros, en un período de tiempo tan corto y faltos de recursos, pudieron crear tantas doctrinas y escuelas, en las que se enseñaba la doctrina cristiana y las primeras letras a los hijos de españoles, a los mestizos y a los indios. Creación de la Provincia Dominicana El Papa Paulo III, bien enterado de esta hermosa realidad, expidió un Breve el 23 de diciembre de 1539, en virtud del cual creaba la Provincia Dominicana de San Juan Bautista del Perú. A los doce días de expedido este Breve Apostólico (4 de enero de 1540) , el Padre General de la Orden, fray Agustín Recuperato, nombraba al dedo para desempeñar el cargo de Provincial, a fray Tomás de San Martín, afiliando a la nueva Provincia a los catorce religiosos arriba mencionados. Cristianización en marcha Desde la llegada de los dominicos al Perú (1532), habían transcurrido más de 40 años. En este lapso, la Provincia Dominicana de San Juan Bautista tenía fundados más de 30 conventos y 67 doctrinas; cada cual con su escuela parroquial y un vasto radio de acción cultural y religiosa. Contaba la Provincia en sus conventos, fuera de los padres catequistas que vivían en sus doctrinas, 200 frailes, sin contar los religiosos residentes en los conventos del Ecuador, Colombia, Panamá, Argentina y Chile, fundados y gobernados por religiosos enviados desde el Perú. La siembra evangélica había caído, pues, en tierra fértil. Ahora los maestros y padres de la nueva civilización veían levantarse sobre los despojos de la gentilidad, universidades, escuelas, hogares modelos, verdaderos centros de irradiación cultural y religiosa. La Universidad de San Marcos podía competir con las más afamadas del Viejo Mundo; "tenía grandes letrados, así de los venidos de España, como de los nacidos en el Perú". La santidad y perfección de vida, era cosa común: florecía en el claustro y en el hogar, a ella aspiraban el hidalgo español, el criollo americano, el mestizo y cuantos se alimentaban de aquella rica sabia de espiritualidad cristiana. Los ejemplos no escasean en este aspecto, como en ningún otro. Evangelización de Arequipa Urgía, pues, la presencia del misionero protector del indio, en todas las latitudes del Imperio conquistado. En tal virtud, cuando en 1535 entraron los españoles en Arequipa, en el término de la distancia, fray Tomás de San Martín envió desde Chucuito a los religiosos fray Pedro de Ulloa, fray Diego Manso y fray Bartolomé de Ojeda. Recién llegados los misioneros, emprenden la ardua jornada de evangelizar a los naturales del barrio denominado Collasuyo, hoy san Lázaro; irradiando desde allí su actividad apostólica a Caima, Yanahuara, Tiabaya, Paucarpata y Chihuata; llegando, por el interior, hasta las faldas del Coropuna y, por la costa, hasta las playas de Moquegua y Locumba. Iglesia de Lima Con ocasión de la muerte de fray Vicente Valverde (1541), primer Obispo del Cusco y reinos del Perú, el rey Carlos V creyó oportuno y hasta necesario, dividir esta vasta diócesis en dos episcopados: Cusco y Lima. Para la diócesis del Cusco nombró a fray Juan Solano (+1580), enérgico defensor del derecho del indio; tuvo la santa audacia de entrar en la casa del conquistador, unas veces para romper el cepo que torturaba al indio y, otras para acusar su injusticia y vida escandalosa. Perseguido de muerte por sus enemigos, renunció al gobierno de su diócesis y se exilió en el Convento de la Minerva, en Roma; en donde fundó un colegio del que salieron más tarde hombres célebres en ciencia y virtud.
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