Sacristía |
Frente a la sala capitular está el hall de la sacristía. Allí podemos distinguir en primer lugar, la viga de madera, traída del convento dominicano de Santa María de Magdalena, y que, según la tradición, la hizo crecer milagrosamente San Juan Macías para que encajara exactamente en el lugar que convenía.
La portada de la sacristía, de estilo renacentista, es una de las más antiguas; data de fines del siglo XVI; está adornada por dos estatuas de San Pedro y San Pablo y en el centro una hornacina con una bella imagen del Arcángel San Miguel.
La gran sala de la sacristía es de estilo florentino; fue remodelada a fines del siglo pasado. Está adornada con elegantes muebles y espejos y buenos lienzos de escuela sevillana. Sobre los muebles, donde se guardan ornamentos y demás ropa para el culto, hay cinco retablos a modo de trípticos.
En la parte superior de la sacristía, corre una galería de principales religiosos dominicos de este convento en los siglos XVI y XVII; en la entrada, a derecha e izquierda, se han colocado los más conocidos y notables: Vicente Valverde, primer dominico en el Perú; Jerónimo de Loayza, el primer Obispo de Lima; Tomás de San Martín, primer Provincial y Fundador de la Universidad de San Marcos; Cipriano de Medina, Obispo de Ayacucho, a quien San Martín de Porres pronosticó lo que sería y fue su principal testigo; Antonio González de Acuña, Obispo de Caracas y propulsor de la Canonización de Santa Rosa; Juan de Lorenzana, gran Teólogo, Provincial, confesor de Santa Rosa y consejero de Fray Martín; Domingo de Santo Tomás, segundo Provincial, compuso la primera gramática quechua; Diego de Hojeda, autor de la Cristiada, oda épica en octavas reales, sobre la pasión de Cristo.
Dentro del ambiente de la sacristía se pueden ver un altar de la Virgen del Rosario llamado de Los Pardos, bajo el cual esta la tumba del Venerable Padre Gregorio de Mendoza y al frente cerca de la entrada al templo una hornacina con una bella talla en madera de San Juan Bautista, Patrón de la Provincia. |
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Templo |
- Es el templo de Santo Domingo, decorado con el título de BASÍLICA por el Papa Pío XI el año 1929, uno de los más venerados y concurrido Santuario de Lima. Como iglesia de los Religiosos Dominicos, está unida a su historia, a su vida espiritual y centro de irradiación de su apostolado.
A lo largo de su más de cuatrocientos cincuenta años, ha sufrido varias transformaciones y restauraciones, debido especialmente a los grandes terremotos que afectaron a la ciudad; sin embargo según los técnicos, es el más a conservado algunas de sus características prebarrocas. Cuando los grandes conventos, en el siglo XVII, se propusieron agrandar sus templos, " a la hora de hacer reformas en la planta de las iglesias, los dominicos procedieron en sentido contrario a los demás frailes limeños; en el año 1633, hicieron un contrato para alargar el CORO". De este modo se copó todo el lugar que podría haber servido para una gran portada, como sucede en los otros grandes templos, carece de un vestíbulo amplio entre las naves y el exterior; además se conservaron, al final de las dos naves laterales, las capillas cerradas.
Sólo después de 1650, se hicieron los principales cambios estructurales en el templo, bajo la dirección de el dominico Diego Maroto. Se amplió la zona del altar mayor y del crucero: se derribaron las capillas laterales; se cambió el altar de la Virgen del Rosario al lado del Evangelio y en otro, el altar de la nueva Santa, Rosa de Santa María.
Los altares primitivos, durante el primer siglo, eran del estilo plateresco renacentista. Posteriormente llegó la influencia barroca, y los altares de este templo fueron de los más admirados por sus bellos retablos tallados y dorados. Más que a ningún templo, el modernismo del siglo pasado barrió con todos estos altares y los sustituyó, bajo la influencia de Matías Maestro (1766 - 1835), por los actuales altares de estilo clásico Italiano; lo mismo sucedió con toda su cubierta, cuya bóveda de crucería fue tapada con un tablado de adorno y pinturas; que felizmente en la restauración de fines del siglo pasado se descubrieron sus cúpulas y bóvedas del siglo XVII. Después de cinco años de arduo esfuerzo, se inauguró el templo restaurado el año de 1903. La última restauración, que ha recibido el templo fue después del gran terremoto de 1940.
El altar mayor, de estilo greco romano. Sus arcos, columnas, capiteles, la gran venera central y demás detalles arquitectónicos están finamente pintados con dorado a la porcelana por el artista Italiano Francisco Scicali. En el centro del altar, hay un artístico Cristo Crucificado de tamaño natural. Es el "Cristo de la Agonía", obra de Juan Martínez Montañez. Dentro del semicírculo cóncavo, que corona el altar, se ve en relieve a la Virgen y al Niño entregando el Rosario a Santo Domingo. Adornan el presbiterio dos grandes pinturas del artista nacional Guillermo Samanez, representan la impresión de los estigmas de Cristo a San Francisco de Asís y a Santa Catalina de Siena.
En el altar del Evangelio, está la Imagen de la Virgen del Rosario, es una de las más bellas tallas policromadas que tiene el Perú.
- Fue regalada al Perú por Carlos V. Durante la Colonia fue declarada Patrona y Protectora del Virreinato. Tuvo grandes y famosas Cofradías, en donaciones y joyas fue de las más ricas. Ante ella rezaron santos, virreyes, presidentes, héroes. Con razón fue coronada pontificia solemnemente el 2 de Octubre de 1927. De los labios de la imagen del Niño brotaron aquellas palabras a Santa Rosa: "Rosa de mi corazón, sé tú mi esposa". Todo el altar resplandece por los adornos y por las flores que todo el año luce, como expresión de amor de sus devotos. Sus grandes columnas están doradas a lo porcelana; y muchos de sus elementos y adornos están revestidos de plata, como las delicadas columnas del templete. Como corona, se destaca en la parte superior, dentro de una artística decoración, el famoso Cristo de los Agüero, denominado el "Cristo de la Conquista".
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Altar Santo Peruanos |
El altar de Santa Rosa de Lima, de San Martín de Porres y San Juan Macías es de estilo clásico greco - romano. Atrae e impacta a los miles de devotos, que vienen de diversos países de la tierra, por las urnas que guardan sus venerables reliquias, visibles al público, por sus tres bellas imágenes de fina madera y por resplandor del dorado y de la plata que lo adornan.
La urna de Santa Rosa con el bello templete de mármol y plata fue obsequio del Obispo de Caracas Antonio González de Acuña, dominico. La urna de San Martín fue donada por la municipalidad de Lima, y la de San Juan Macías fue obsequio de la Hermandad de Caballeros de San Martín de Porres; ambas son de bronce y confeccionadas el año 1935; con ocasión del IV Centenario de Lima y al aproximarse el primer Centenario de su Beatificación que fue en 1837.
El fino decorado y dorado del altar y de las pequeñas cúpulas y altares de la misma nave fueron diseños y obra de los artistas Rómulo Polastri y Francisco Scicali. Delante de este altar se puede admirar la bella estatua de un solo bloque de mármol de Carrara de Santa Rosa yacente, en el momento de su muerte. Es obra del artista italiano Melchor Caffá y donado por el Papa Clemente IX; quien le beatificó. La sonrisa del ángel y las manos de la santa expresan la finura y delicadeza que el artista logró imprimir en esta obra. Está colocada dentro de una urna de cristal, obsequio del Banco de Crédito.
Dentro de la concha que corona este altar hay una bella pintura, de Samanez que expresa el gozo de Santa Rosa el encontrarse con Jesús. |
Coro Alto |
- El coro alto, con su bella sillería nos hace rememorar la solemnidad de la liturgia dominicana; aquel coro de cien sillas conserva, sin duda, el eco de las voces sonoras de cientos de frailes que varias veces al día, al son de la campana, allí se reunieron. Aquellas, ahora solitarias sillas, alineadas coro contra coro, ayudaban a los hermanos en el desafío de elevar sus voces hacia Dios; ellos estaban ordenados según su autoridad, sus títulos, antigüedad, y al final los estudiantes y los hermanos cooperadores, en asientos bajos y sencillos; entre ellos rezaría alguna vez Fr. Martín de Porres.
Con la ampliación hecha en el siglo XVII por Diego de Maroto, el coro mide catorce metros de largo por doce de ancho. Es uno de los mejores coros que tiene el Perú. Son cincuenta y una sillas altas y veintinueve bajas; además se colocaban unas robustas bancas que aumentaban su capacidad. La sillería alta es un alarde de arte en imaginería religiosa que nos presenta los santos más venerados: apóstoles, mártires, predicadores, vírgenes se aúnan a los rezos de la comunidad. Son tallas de cedro en medio relieve, enmarcadas entre cornisas y columnitas delicadas. Es obra de Pedro de Noguera y sus discípulos. El coro termina en una elegante baranda semicircular tallada, pintada y dorada.
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