Breve reseña histórica del Convento Santo Domingo del Cusco (Korikancha).


Una característica peculiar, respecto al actual Templo y Convento de Santo Domingo del Cusco y el terreno sobre el cual está edificado, es que, a lo largo del tiempo, siempre fue un lugar sagrado o, en todo caso, relacionado con lo sagrado. Antes de la llegada de los Incas al Valle del Huatanay, actual ciudad del Cusco, los habitantes nativos del lugar, los kilkie, tenían en este lugar un recinto de adoración a su divinidad el Sol. Al llegar los Incas y ocupar este valle, decidieron conservar el lugar como sagrado y lo dotaron de todo lo necesario para tal fin, mismo que fue llamado Inti Huasi, que quiere decir, Casa del Sol.

Posteriormente, durante el gobierno del Inca Pachacutec, la ciudad del Cusco fue reconstruida casi en su totalidad y se convirtió en una gran ciudad cuya forma era la de un puma (felino andino de las alturas, esta forma aún se puede apreciar a pesar de que en la actualidad Cusco es una ciudad cosmopolita), llena de palacios, edificios administrativos y lugares públicos; para este fin se trajeron los mejores arquitectos y artesanos de diversos lugares del Imperio. El hasta entonces llamado Inti Huasi, por la categoría que tenía dentro de la civilización Inca, fue al que se le puso mayor atención, pues era el lugar más sagrado de la ciudad y del Imperio.

En su arquitectura podemos apreciar el más fino acabado en el tratamiento de las rocas; cada bloque de piedra es una escultura en sí misma y las paredes están tan bien encajadas que no cabe un alfiler entre sus uniones. En él había varios recintos dedicados a cada entidad que los incas consideraban sagrada; así tenemos el dedicado al sol, la luna, las estrellas (Venus), el arco iris, el trueno el rayo y el relámpago, así como recintos dedicados a los sacerdotes. Este lugar estaba rodeado por una muralla en cuya parte superior tenía una cenefa de oro, por lo que fue llamado Korikancha, que significa cerco oro; de aquí en adelante es conocido con este nombre.

Al llegar los Conquistadores españoles al Cusco el año de 1534, encontraron una ciudad muy peculiar que no correspondía a los esquemas que ellos traían de occidente; en aquel entonces la ciudad no pasaba por su mejor momento, pues el Imperio se encontraba en lo que podemos denominar guerra de sucesión entre Huascar y Atahuallpa, Auquis, príncipes herederos, (aún no es posible comprender a cabalidad el modo de sucesión Inca, además, para ese específico momento, Atahuallpa ya había sido asesinado por los españoles, a pesar de la intervención de fray Vicente Valverde a su favor). Los cronistas coinciden en afirmar que el lugar más importante dentro de la ciudad era el Korikancha, y a continuación dan una serie de versiones que hablan de las riquezas que contenía en su interior. Se dice que las paredes de los diferentes recintos estaban cubiertas con láminas de oro y plata, todos los utensilios y ornamentos también eran de oro con incrustaciones de piedras preciosas y que en sus jardines había reproducciones en tamaño natural de animales, plantas y personas, todas hechas de oro.

Es evidente que en el imperio Inca había un manejo de este metal precioso, pero la fiebre por el oro de las Américas era tan grande que se tejían leyendas y no sabemos a ciencia cierta cuánto de todo esto es verdad. Lo que sí podemos afirmar, es que en el reparto de la ciudad entre los conquistadores, el Korikancha le tocó a Juan Pizarro, hermano de Francisco Pizarro, quien lo donó a la Orden Dominicana, obviamente después de haber culminado con el saqueo respectivo. Fray Vicente Valverde es quien recibe esta donación, quien la entrega a su vez a fray Juan Olíaz, que inicia la construcción del templo y convento de Santo Domingo del Cusco.

Fray Juan Olíaz vino al Perú con 17 hermanos misioneros y el convento del Cusco fue el primero que la Orden edificó en estas tierras. Para ser misionero en el Perú las exigencias eran grandes, pues se pedía que los frailes misioneros dominaran el Runa Simi o Quechua, idioma de los Incas, sólo así podían ejercer su ministerio, en las alturas del Cusco, además de hacerse cargo de las doctrinas. Por estos claustros pasaron ilustres frailes, no sólo por su nivel intelectual, sino por su vida de virtud comprobada, como por ejemplo: fray Tomás de San Martín, segundo prior del convento, fundador de la universidad de San Marcos de Lima. En este convento se contaba con noviciado y casa de Estudios Generales. Otro Hermano ilustre fue el Padre Meléndez, autor de "Tesoros verdaderos de las Indias", quien sostenía la cátedra de Teología en la universidad de San Antonio Abad del Cusco, además de mantener una escuela gratuita para niños pobres. También tenemos hermanos que murieron en olor de santidad, como fray Jerónimo Martel, fray Juan de Escudero, además de fray Sangueza Mosqueira, fundador de los beaterios de Santa Rosa y de Mutcapugio, el padre Diego Duran, el Padre Gabriel de Oviedo, instructor y catequista en la doctrina cristiana de Don Pablo Tupac Amaru y de Don Felipe Quispe Tito y familia, quienes fueron bautizados por el mismo; el Padre Hurtado fundador de la misiones de Paucartambo y amigo sostenedor del patriota Don Mateo Pumacahua. De este convento partió fray Gaspar de Carvajal, como capellán de la expedición presidida por Gonzalo Pizarro (1541) para el descubrimiento del País de la Canela, que culminó con el descubrimiento del río Amazonas. El convento también guarda grata memoria de haber tenido como fraile conventual a fray Diego de Ojeda (1615), autor de la obra "La Cristiada", publicada el año de 1611. Es innegable la rica tradición dominicana de este convento y el apostolado que realizó en épocas coloniales.

Al iniciarse la lucha por la independencia, los frailes de este convento acogieron a los libertadores y un 3 de febrero de 1825 ante la Virgen del Rosario, entonces patrona del Perú, los próceres de nuestra independencia se postraron reverentes ante Ella y entonaron el Te Deum de acción de gracias después de la batalla de Ayacucho. Estuvieron en ese importante acto: Bolívar, Sucre, Gamarra, Córdoba, Miller y Lara. Con ocasión de esta fiesta patriótica, las campanas de todos los templo del Cusco repicaron incansablemente y una de las campanas de la torre del templo sufrió una grave avería, la misma que se observa en una de las fotografías de la parte colonial de esta página web. A finales del siglo XIX llegó al Perú fray Vicente Nardini, restaurador de la Provincia Peruana, quien también reforma el convento y el templo adecuándolo a la arquitectura de su época.

En el Siglo XX el Convento de Santo Domingo del Cusco acogió en sus claustros al Estudio General e Internacional Dominicano que funcionó de 1936 a 1959; en él estudiaban frailes procedentes de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y el Perú. El año de 1950 el convento y la comunidad sufrieron los embates de un terremoto que destruyó gran parte de las estructuras coloniales mas no así las edificaciones Incas. Este hecho fue motivo para que las autoridades intervinieran y en su afán de rescatar y valorar lo Inca aplicaron criterios que destruyeron esta síntesis del mestizaje reflejada en su arquitectura.

Actualmente el Convento de Santo Domingo del Cusco acoge al noviciado; es el centro de atracción de los laicos que se congregan en diferentes comunidades: fraternidad Laical Dominicana, las cofradías y hermandades, movimiento Juvenil Dominicano, los catecúmenos, además de dar una acogida muy importante a los universitarios y al grupo de oración ecuménico "oración por la unidad de los cristianos", en el que participan diferentes iglesias de hermanos evangélicos junto a los católicos. Un rubro importante es la acogida que se les da a los turistas, tanto nacionales como internacionales que se acercan al Convento para apreciar esta interesante síntesis de fusión de culturas que refleja su arquitectura, donde se puede apreciar la superposición de lo Español sobre lo Inca, lo que dio origen a la identidad cultural mestiza del peruano, la que consideramos singular con respecto a otras culturas. Estamos a umbrales del tercer milenio y el Korikancha aún sigue siendo un lugar sagrado.

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