LOS VOTOS RELIGIOSOS
RESUMEN DE LA CARTA DEL MAESTRO
DE LA ORDEN
ENTREGADOS A LA MISIÓN
¿Cómo pueden ser fuente de vida y energía
- los votos - y sostenernos en nuestra vida de predicación
(contemplación)?
Los votos son "un medio" y no un "fin":?
No son "medios" en el sentido de simplemente
útiles; más bien son medios sin los
cuales no se podría lograr el fin:
un coche es útil para movilizarse, pero no indispensable
mientras las llantas del coche son medios pero indispensable
para que mueva el choche.
La finalidad de los votos, según Stº Tomás,
es CARITAS - es decir - aquel amor que es
Dios mismo. Los votos solamente sirven si nos ayudan a crecer
en ese Amor de Dios.
Los votos están en oposición a lo que
propone la sociedad, en general, como valores:
La sociedad actual propone como valores: Los votos se oponen:
autonomía / individualismo / pragmatismo - obediencia
/ comunidad
materialismo /éxito / status social - pobreza / humildad
satisfacción sensual / placer - castidad / amor fraterno
Si los votos fueron meramente medios, serían motivos
de frustración, limitación, esterilidad. Pero son
medios para llegar a la caridad - es decir - para
compartir la vida misma de Dios.
Comprendidos así, nuestro sufrimiento y negación
se vuelven fructuosos: la muerte a nosotros mismos nos da la
nueva vida de la Resurrección.
¿Qué sentido tiene que uno da su palabra
para toda la vida - usque ad mortem?
¡Que valor tiene nuestra palabra? ¿nuestra promesa?
En el mundo, actualmente, la palabra humana no está
bien valorizada; las palabras no cambian nada y, muchas veces,
no se cumplen. (promesas matrimoniales; políticos).
Pero, fue la Palabra de Dios que se hizo carne. Su
Palabra nunca falla; Su Palabra siempre se cumple: (Abraham;
Moisés; Pueblo de Israel; Mesías)
La Palabra que pronunciamos (al hacer votos, a predicar) no
es nuestra sino la Palabra de Dios. Nuestras vidas, como religiosos,
pretende hacer presente y vigente, esa Palabra hecha historia,
hecha hombre y mujer.
Al pronunciar los votos, no sabemos a dónde nos puedan
llevar. ¿Cómo atrevernos a pronunciarlos?
Solamente porque Dios, nuestro Padre, lo ha hecho, nosotros,
sus hijos e hijas, también podemos hacerlo. Dios se comprometió
con nosotros con su Palabra; Jesús es el "si"
eterno del Padre. Porque creemos que somos hijos de Dios, por
el Bautismo, nos atrevemos a dar nuestra palabra sin saber,
de antemano, todas las implicancias.
Los votos alcanzan un futuro desconocido. Por eso,
Stº Tomás nos dice que es un acto de absoluta generosidad
porque uno da - en un sólo instante - una vida que
va a vivir sucesivamente en el tiempo. ¿Esto
es un absurdo cuando ni se sabe qué pueda pasar mañana?
Para nosotros, es una acto de confianza en Dios, en el Dios
de la Providencia. Los votos son signos de esperanza en
el Dios que ha prometido el futuro. A pesar de todo que pueda
suceder en nuestras vidas, en cualquier momento particular, sabemos
que Él cumplirá su Palabra.
LA OBEDIENCIA
Aunque parezca paradójico, hacemos el voto de obediencia para lograr "la libertad de los hijos de Dios". El
mundo también habla de "ser libres" y, para
él, un voto de obediencia llega a ser un escándalo.
Sin embargo, el llamado "mundo libre" se caracteriza
con frecuencia por un sentido fatalista, una capacidad para tomar
el propio destino en las manos y arreglar la vida. ¿Qué significa libertad en la sociedad de consumo? ¿Qué significa la libertad de los hijos de Dios?
El voto de obediencia no es meramente algo administrativo;
ni tampoco únicamente un medio. ¿Qué
tipo de libertad es la que deseamos en Cristo? ¿De que
manera el voto expresa esto, y como nos ayuda a nosotros - contemplativos
/ predicadores - a vivir la exultante libertad de los hijos de
Dios?
El modelo y la motivación de nuestra obediencia es
la obediencia de Jesús al Padre. Ser obediente a la voluntad
del Padre no fue ni una limitación a su libertad ni una
restricción a su autonomía. Todo lo contrario.
Era el alimento que le daba fuerza y lo robustecía.
Nuestra libertad no es la libertad individualista del
que entiende libertad como la posibilidad de hacer lo que
le da las ganas sin restricciones algunas. Más bien,
es la libertad de ser , la libertad de aquel que ama.
En nuestra tradición dominicana siempre ha habido una
tensión entre el don de si, sin reservas, a la Orden
y la búsqueda de consenso, basado en el debate,
la consideración y el respecto mutuos.
Si fallamos en darnos sin reservas a la Orden, nos convertimos
en un grupo de individuos que ocasionalmente cooperan; si la
obediencia se reduce a la imposición de la voluntad del
superior, sin una búsqueda de acuerdo común, el
voto puede volverse inhumano y alienante.
El inicio de la verdadera obediencia se da cuando "dejamos
que nuestro hermano o hermana hablen y nosotros escuchamos".
La vida religiosa puede producir personas profundamente desprendidas
o muy egoístas, dependiendo de a quienes se haya escuchado.
En las palabras del fr. Herbert McCabe, O.P., la obediencia
"es ante todo una apertura de la mente como sucede
en todo proceso de aprendizaje. La obediencia se hace perfecta
cuando quien manda y quien obedece llegan a compartir una misma
mente. La noción de "obediencia ciega", equivaldría,
en nuestra tradición, a un aprendizaje ciego. Una
comunidad totalmente obediente sería aquella en la que
nadie anhela hacer algo."
Por eso, en nuestra tradición, hay instancias de diálogo
y opinión: el Capítulo y el Consejo. En estas instancias
se buscan juntos, todos de la comunidad, la verdad. La verdad
y la comunidad son inseparables. Por eso, el gobierno en nuestra
tradición toma tiempo y presupone responsabilidad de todos
para la marcha de la comunidad.
Quizás algunos podrían decir: no es eficiente
pero, a lo largo, es la única manera de forjar comunidad,
fortalece la maduración y plena participación.
Como se ha dicho, el voto de Obediencia nos ordena a la caritas
o el amor de Dios. El don de si, sin reservas, no debe
confundirse con flexibilidad para evitar problemas o discusiones;
más bien, es parte de la ley de libertad de la Nueva Alianza.
Cuando hacemos nuestros votos en manos del superior, ponemos
nuestra vida en "las manos" de la Orden. Este es un
gesto eucarístico de loca libertad. Es mi vida
y la entrego como Cristo se entregó totalmente
en el cumplimiento de la Voluntad del Padre, hasta entregarse
para nosotros en Calvario.
LA POBREZA
Es difícil hablar de la pobreza como un medio para
lograr caritas, el Amor de Dios. Los pobres viven en inseguridad
absoluta y, muchas veces, al margen de la vida de la sociedad.
Viven en un estado continuo de degradación y desesperanza.
Viven dependientes de otros y son víctimas de toda clase
de violencia social. La pobreza, en si, no es una virtud; es
una desgracia, producto de la injusticia y la falta de fraternidad..
Sin embargo, es el voto de la pobreza que nos libera
para poder dedicarnos totalmente a Dios. El desapego y la despreocupación
de lo material, significa que vivimos con plena confianza en
Dios y no en las cosas o las personas.
Cristo invitó a sus discípulos a dejar no solamente
las riquezas materiales sino también a "hermanos,
hermanas, Padre y Madre". El voto de pobreza es lo que exige
una ruptura radical con la familia de origen.
El voto de pobreza da la libertad de entregarse totalmente
a la contemplación, en caso de las monjas, y, a los frailes,
totalmente a la predicación. Pero, como todo los votos,
su finalidad es siempre "crecer en el amor de Dios".
¿Cómo podemos vivir la pobreza de tal manera
que nuestras vida tengan credibilidad como anuncio del Reino?
La pobreza toca aspectos fundamentales del Sacramento de Amor,
la Eucaristía. La Eucaristía es el Sacramento de
la unidad que acaba con la pobreza; es el sacramento de la vulnerabilidad
que fortalece al pobre; es el momento del don que nuestra
cultura rechaza. Preguntarnos cómo podemos vivir la pobreza
es lo mismo que preguntarnos cómo podemos vivir eucarísticamente.
Cristo, en la última cena, hizo suyo todo lo que podría
destruir la comunidad humana: traición, negación
e incluso la muerte. El escándalo de la pobreza es que
divide lo que Cristo ha unido.
La pobreza voluntaria que profesamos tiene valor solamente
si permite que superemos las fronteras que separen a los seres
humanos. La Eucaristía es el fundamento de este "hogar
universal", ¿Los pobres del mundo, se sienten
cómodos con nosotros?
En la última cena, Cristo abraza sus sufrimientos y
su muerte. Acepta las últimas consecuencias la vulnerabilidad
del ser humano, la capacidad de ser herido y muerto.
El voto de pobreza nos invita a aceptar nuestra propia vulnerabilidad.
Esta llamada de Cristo a la vulnerabilidad debe cuestionar cómo
vivimos juntos el voto de pobreza. ¿Nos atrevemos a
vivir la vulnerabilidad de la vida común? ¿Vivimos
la inseguridad de dar a la comunidad todo lo que recibimos? ¿Se
comparten realmente los bienes con los que los necesiten?
La pobreza no puede ser solamente "individual" sino,
como signo evangélico, tendría que ser comunitaria.
El don de si, requiere que la comunidad tenga consciencia
de su valor como signo del reino y que su estilo de vida refleje
la pobreza de Cristo. Hay que usar responsablemente los bienes
materiales y no abusar de la generosidad de aquellos que nos
ayudan.
LA CASTIDAD
El voto de la castidad toca aspectos esenciales de nuestra
humanidad: la sexualidad, la corporeidad; la necesidad de expresar
y recibir afecto. Es particularmente difícil tratar lo
relacionado con este voto porque, en la práctica, muchas
veces, tenemos que luchar solos o temiendo ser juzgados o incomprendidos.
Como los demás votos, el voto de la castidad también
es un medio para lograr la libertad. Nos libera para poder cumplir
mejor nuestra vocación de contemplativas o de predicadores.
Es particularmente importante no asumir este voto como un
mal necesario. Hay que abrazarlo en forma positiva; si no,
a través del tiempo, que pueda ser largo y de no poco
sufrimiento, se corre el riesgo de envenenar toda nuestra vida.
La castidad es posible solamente porque está ordenado
a la caritas, a la misma vida de Dios, quien es amor.
¡Es una manera particular de amar!
¿Cómo podemos hablar del amor de Dios si
nosotros no vivimos este misterio? Lo que está en
juego es la misma credibilidad de nuestra vidas.
Las bases de nuestra castidad no pueden ser temidas ni debemos
huir de ellas. no podemos temer a nuestra sexualidad, a nuestra
corporeidad o a las personas del sexo opuesto. El temor nunca
ha sido un buen fundamento para la vida religiosa. Dios se
atrevió a hacerse hombre de carne y sangre aunque lo llevó
a la crucifixión. Este voto exige que vayamos a donde
Dios ha ido antes que nosotros.
Según Stº Tomás, el fundamento básico
de nuestra relación con Dios es la amistad (amicitia).
La buena nueva que anunciamos es que participamos
del infinito misterio de la amistad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. En efecto, lo que dice Santo Tomás
es que los consejos evangélicos son los consejos propuestos
por Cristo en la amistad. Y, el voto de la castidad es una de
las formas para vivir esa amistad con Dios. Es un reflejo del
amor ínter trinitaria que es totalmente generoso y
nada posesivo y que se da entre iguales.
En primer lugar, el amor con el que el Padre ama al Hijo es
un amor absolutamente generoso y no posesivo por el que el Padre
le da todo al Hijo, incluyendo su divinidad.
El amor humano, sea entre casados sea en los religiosos, cada
uno según su estado, debe, de alguna manera, buscar vivir
y compartir este misterio de la generosa sin posesividad.
Al respecto del voto de castidad no puede haber ambigüedad:
no solamente exige que no nos casemos sino que abstengamos de
toda actividad sexual. Es una renuncia real, un ascetismo.
Tenemos que creer que el voto de castidad es realmente un
camino para amar y amar sin limitaciones. Se adquiere esta libertad
sin posesividad en el amor solamente cuando vemos la castidad
como la integridad de corazón en la que debemos crecer
y no como una inocencia que se puede perder.
El paso a la verdadera integridad de corazón exige,
muchas veces, que aprendamos a asimilar las frustraciones y el
temor de esterilidad. No será posible recorrer este
camino sin oración.
La oración que se comparte con la comunidad es fundamental
a nuestras vidas. ¡Que no se vuelva rutinaria y cumplimiento
de obligaciones!
La oración personal y silenciosa es donde nos ponemos
cara a cara con Dios. Es el encuentro con la misericordia de
Dios y en ella aprendemos a esperar.
Y, en segundo lugar, el amor que está en el corazón
de Dios es un amor totalmente fértil que se da entre iguales.
Su amor es creador.
En la castidad luchamos no solamente con el problema de afectividad
sino también con el deseo de crear, de comunicar la vida.
Tenemos que encontrar maneras de ser creativos y expresar nuestra
creatividad para no frustrarnos. La comunidad es el ámbito
en que tenemos que expresar nuestro amor creativo, organizando
nuestras vidas al servicio de los demás, reconociendo
la dignidad de cada uno por igual.
CONCLUSIÓN
Los votos tienen valor solamente si nos liberan para cumplir
nuestra misión. No han de ser una carga pesada que oprima
sino garantía de libertad para caminar ligeros hacia Dios. |