Lino Dolan, O.P.

 

 

SER CRISTIANO
EN EL MUNDO MODERNO

 

Globalización, Neoliberalismo, Cibernética, Internet - son palabras que despiertan interés inmediatamente en un número siempre creciente de personas en nuestra sociedad. Estos fenómenos, productos de una revolución tecnológica, han producido cambios significantes en las relaciones mutuas entre individuos y naciones?Muchos de estos cambios son de gran beneficio para la humanidad - en el campo de la educación, en el mundo empresarial, en la investigación científica, en las comunicaciones casi instantáneas y mucho más. Sin embargo, al mismo tiempo, van apareciendo algunos elementos negativos - un preocupante crecimiento de la pobreza, un egoísmo destructivo de los valores sociales tradicionales de la familia y la solidaridad, una concentración de poder económico y político en manos de pocos con el resultante exclusión de participación real de las mayorías.

Desde esta situación, surgen una serie de preguntas para el hombre y la mujer cristiano que requieren reflexión seria y respuestas concretas. Se oye, de vez en cuando, los comentarios sobre la pérdida de valores en la sociedad: hay preocupación frente al aumento de la violencia de todo tipo - callejera, guerras fratricidas, genocidio; hay falta de ética en los gobiernos que se expresa en la corrupción a todo nivel; hay la desintegración de lo que fue siempre considerada la célula fundamental de la sociedad, la familia.

Algunos no ven relación alguna entre los "avances científicos y tecnológicos" y la lenta pero segura desintegración de la sociedad que hemos conocido. Dicen, simplemente, "así es la vida" o algo semejante. Sin embargo, algunos estudiosos de la historia, de la economía, de las ciencias humanas y la misma teología han comenzado a analizar en forma interdisciplinaria la realidad en que estamos viviendo. Es interesante lo que están descubriendo. Piensan que estamos en el proceso de un cambio no solamente de forma de vivir juntos sino de un cambio de "cultura". Y si es así, tendremos que adaptarnos a esta nueva cultura o desaparecer.

Pero, la preocupación inmediata para hombres y mujeres de fe cristiana es, ¿cómo vivir el evangelio de Jesucristo en este momento? ¿Qué significa practicar una "religión" en esta sociedad secularizada e indiferente frente a la existencia o no de Dios?

¿El hombre moderno tiene una nueva religión? ¿Nuevos dioses?

Aunque el tema del Neoliberalismo y el Mercado anunciado parece un tema estrictamente propio al campo económico, propongo que no es así. Es un tema que afecta la vida de la persona humana en su integridad y, por eso, es también un tema teológico. Hay un dicho muy común en algunas partes que dice que si queremos mantener buenas relaciones con otras personas, no debemos hablar ni de religión ni del dinero. Sin embargo de esto se trata en el temario. El Evangelio dice con claridad, en las palabras de Jesús mismo: "no se puede servir a Dios y al dinero" (Mt 6, 24). Entonces, en una sociedad dominada por el Mercado como regulador de la vida e instrumento de felicidad (terrena), ¿cómo debe comportarse el cristiano? Si huimos de esta pregunta corremos el riesgo de reducir la "religión" a unas prácticas devocionales o a la celebración de unos ritos que no tienen nada que ver con la vida diaria. En el mejor de los casos, se acordará de Dios verdadero cuando, algún día, el Mercado falla (y esto, probablemente, para maldecirlo y echarle la culpa).

No se si estamos o no en la antesala de una nueva cultura. Lo que si es evidente es que estamos poniendo toda nuestra confianza en las palabras de una ciencia humana que pretende una autonomía absoluta de las reglas comunes que gobiernan las relaciones entre personas con valores realmente humanos y, por eso, cristianos. Las fallas de los sistemas comienzan a aparecer con más claridad: el sistema neoliberal está bueno por aquellos que ya tienen pero malo para los excluidos del poder económico; la globalización en el mundo de las comunicaciones está buena para los que controlan los medios y no tan bueno para los demás. Y, quizás, lo peor de todo, es la forma dogmática que se nos presentan estos elementos. No hay alternativas, no hay opciones - entonces nos privan del don más grande que hemos recibido del Dios de la Vida después de la vida misma - la Libertad de los hijos de Dios.


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