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SER CRISTIANO
EN EL MUNDO MODERNO
Globalización, Neoliberalismo, Cibernética,
Internet - son palabras que despiertan interés inmediatamente
en un número siempre creciente de personas en nuestra
sociedad. Estos fenómenos, productos de una revolución
tecnológica, han producido cambios significantes en las
relaciones mutuas entre individuos y naciones?Muchos de estos
cambios son de gran beneficio para la humanidad - en el campo
de la educación, en el mundo empresarial, en la investigación
científica, en las comunicaciones casi instantáneas
y mucho más. Sin embargo, al mismo tiempo, van apareciendo
algunos elementos negativos - un preocupante crecimiento de la
pobreza, un egoísmo destructivo de los valores sociales
tradicionales de la familia y la solidaridad, una concentración
de poder económico y político en manos de pocos
con el resultante exclusión de participación real
de las mayorías.
Desde esta situación, surgen una serie de preguntas
para el hombre y la mujer cristiano que requieren reflexión
seria y respuestas concretas. Se oye, de vez en cuando, los comentarios
sobre la pérdida de valores en la sociedad: hay preocupación
frente al aumento de la violencia de todo tipo - callejera, guerras
fratricidas, genocidio; hay falta de ética en los gobiernos
que se expresa en la corrupción a todo nivel; hay la desintegración
de lo que fue siempre considerada la célula fundamental
de la sociedad, la familia.
Algunos no ven relación alguna entre los "avances
científicos y tecnológicos" y la lenta pero
segura desintegración de la sociedad que hemos conocido.
Dicen, simplemente, "así es la vida" o algo
semejante. Sin embargo, algunos estudiosos de la historia, de
la economía, de las ciencias humanas y la misma teología
han comenzado a analizar en forma interdisciplinaria la realidad
en que estamos viviendo. Es interesante lo que están descubriendo.
Piensan que estamos en el proceso de un cambio no solamente de
forma de vivir juntos sino de un cambio de "cultura".
Y si es así, tendremos que adaptarnos a esta nueva cultura
o desaparecer.
Pero, la preocupación inmediata para hombres y mujeres
de fe cristiana es, ¿cómo vivir el evangelio de
Jesucristo en este momento? ¿Qué significa practicar
una "religión" en esta sociedad secularizada
e indiferente frente a la existencia o no de Dios?
¿El hombre moderno tiene una nueva religión?
¿Nuevos dioses?
Aunque el tema del Neoliberalismo y el Mercado anunciado
parece un tema estrictamente propio al campo económico,
propongo que no es así. Es un tema que afecta la vida
de la persona humana en su integridad y, por eso, es también
un tema teológico. Hay un dicho muy común en algunas
partes que dice que si queremos mantener buenas relaciones con
otras personas, no debemos hablar ni de religión ni del
dinero. Sin embargo de esto se trata en el temario. El Evangelio
dice con claridad, en las palabras de Jesús mismo: "no
se puede servir a Dios y al dinero" (Mt 6, 24). Entonces,
en una sociedad dominada por el Mercado como regulador de la
vida e instrumento de felicidad (terrena), ¿cómo
debe comportarse el cristiano? Si huimos de esta pregunta corremos
el riesgo de reducir la "religión" a unas prácticas
devocionales o a la celebración de unos ritos que no tienen
nada que ver con la vida diaria. En el mejor de los casos, se
acordará de Dios verdadero cuando, algún día,
el Mercado falla (y esto, probablemente, para maldecirlo y echarle
la culpa).
No se si estamos o no en la antesala de una nueva cultura.
Lo que si es evidente es que estamos poniendo toda nuestra confianza
en las palabras de una ciencia humana que pretende una autonomía
absoluta de las reglas comunes que gobiernan las relaciones entre
personas con valores realmente humanos y, por eso, cristianos.
Las fallas de los sistemas comienzan a aparecer con más
claridad: el sistema neoliberal está bueno por aquellos
que ya tienen pero malo para los excluidos del poder económico;
la globalización en el mundo de las comunicaciones está
buena para los que controlan los medios y no tan bueno para los
demás. Y, quizás, lo peor de todo, es la forma
dogmática que se nos presentan estos elementos. No hay
alternativas, no hay opciones - entonces nos privan del don más
grande que hemos recibido del Dios de la Vida después
de la vida misma - la Libertad de los hijos de Dios. |