Lino Dolan, O.P.

 

 

Neoliberalismo y el Mercado

NEOLIBERALISMO: UNA IDEOLOGÍA

Hace algunos años, en una conferencia sobre este tema, el ponente comenzó declarando que el autor del sistema económico actual era Adán. Y así es - Adán Smith, que en 1776 publicó su famoso libro: La Riqueza de las Naciones que fue la primera formulación liberal de la economía.

Para entender bien este sistema, tendríamos que hacer un estudio serio de los comienzos de lo que se llama la "modernidad" - la Ilustración y el Racionalismo que produjeron la Revolución francesa y, también, la Revolución Industrial. "Fraternidad, Libertad, Igualdad". Los pensadores del Siglo XVIII, cansados del "dogmatismo filosófico y teológico" de las Iglesias y del autoritarismo civil y eclesiástico, insistían en la autonomía de la razón humana, sin referencias al argumento desde la autoridad, ni siquiera la autoridad de Dios.

El liberalismo filosófico, fuente de la Revolución francesa, dio lugar muy pronto al liberalismo económico y la Revolución Industrial. La "Economía" se independizó de la "autoridad" - ninguna intervención del Estado - o de Dios - ninguna consideración ética. El control de la economía vendría del mercado mismo y, según Adán Smith, una mano invisible que aseguraría, con eficacia, el mayor beneficio posible con la menor inversión. Y, de allí, a través de las décadas de la modernidad, se ha ido desarrollando el concepto de una ciencia económica en que se pide autonomía para el individuo y para la gestión económica mientras se niega la dimensión social del individuo y la transcendencia humana en la economía.

Desde la década de los 60. de este siglo que ya termina, y aún con más fuerza desde la caída del Muro de Berlín, el sistema, ya llamado "Neoliberal", se viene implantándose en el mundo entero como única alternativa sin la necesidad de la mano invisible de Adán Smith, considerado como providencialista y no necesario. Aunque se llama "Neo Liberal", algunos autores insisten que mejor sería llamarlo Neo Conservadurismo". Porque, mientras el liberalismo filosófico es la raíz y fuente de una sociedad democrática con la participación de todos con igualdad y con libertad, el sistema liberal de economía no deja espacio para la democracia o la participación del pueblo.

Los postulados principales son bien conocidos hoy en día porque son anunciados continuamente en nuestro medio:

  • el máximo crecimiento del producto nacional bruto es lo esencial para el desarrollo de la economía y, en la medida que este crecimiento se logre de modo continuado, se resolverán los problemas sociales del país
  • el crecimiento económico depende del mercado solamente, eficaz asignador de los recursos disponibles - la oferta y la demanda.
  • la libertad en actividades del sector privado sin interferencias del Estado
  • el papel del Gobierno es simplemente subsidiario para incentivar las tasas de ganancia, favorecer al capital para que las empresas prosperen, dar facilidades a la inversión financiera del exterior y controlar los movimientos obreros.

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DEL SISTEMA:

Evidentemente, no se trata de condenar, así no más y, en forma generalizada al sistema; pero tampoco se puede canonizarlo como única respuesta a la convivencia humana. Una actitud crítica siempre es saludable y signo de que estamos buscando la verdad y no solamente la defensa de nuestros propios intereses. Por eso, es importante que reconozcamos, con mente abierta, lo positivo y lo negativo del sistema para poder opinar desde nuestra fe cristiana con un juicio crítico.

Algunos podrían objetar y decir que la fe cristiana o la teología no tiene nada que decir sobre un sistema económico. Y, efectivamente, no le compete a la religión elaborar un sistema económico. Sin embargo, como veremos en unos instantes, todo, en cuanto afecte la vida humana, su desarrollo y su dignidad, es tema teológico y muy relacionado con la praxis de la fe y la moralidad.

Veamos primero algunos de los resultados positivos del sistema neoliberal:

    • promueve la libertad individual, la iniciativa y la creatividad
    • defiende la propiedad privada
    • produce abundante riqueza
    • la competencia en el mercado exige que cada persona se valga por sus propios medios
    • fomenta el ahorro necesario para la seguridad ciudadana

Sin embargo, el modelo neoliberal, tal como viene funcionando en nuestro medio, tiene algunos aspectos negativos igualmente evidentes:

    • genera marginación y pobreza porque el crecimiento en la macroeconomía no implica igual crecimiento en la microeconomía. Recordamos lo que dijo el Papa, Juan Pablo II, en la Conferencia Episcopal Latinoamericano en Puebla, México en 1979, "hay ricos cada vez más ricos a costo de pobres cada vez más pobres".
    • la concentración de poder económico en unos pocos, olvidando que el dinamismo mismo del mercado lleva necesariamente a un conflicto de intereses y que el mejoramiento económico de unos pocos no humaniza la sociedad. Más bien, crea falsas esperanzas no alcanzables en grandes mayorías.
    • atropello de la identidad cultural: la mundialización del mercado con sus leyes intocables y los sofisticados medios de comunicación al servicio de la ideología economicista está destruyendo la identidad cultural de los pueblos intentando crear una sola cultura homogénea.
    • destrucción irreverente del entorno creacional, depredando los recursos mundiales y nacionales y poniendo en peligro la sobrevivencia de futuras generaciones.

Parece evidente y difícil a negar que según el ideario clásico del neoliberalismo de hoy, lo más importante y decisivo es apoyar y promover a las élites que tienen los recursos y la creatividad suficiente para fomentar el crecimiento de la producción. Los demás solamente interesan únicamente como sujetos consumidores. Si no son productores y/o consumidores, no son importantes. (Veamos la diferencia en la reacción mundial en cuanto al genocidio cometido en Burundi y Ruanda en Africa, países que no producen ni consumen y la que ocurrió frente al genocidio de Kosovo - parte integral de Europa e importante para los transnacionales).

En este pensamiento, no existe gran preocupación por los costos humanos ni por las consecuencias negativas en el medio ambiente. Implícitamente, se sugiere que la desigualdad en la satisfacción de las necesidades resulta positiva porque suscita ganas de luchar por situarse entre los poderosos e impulsa el crecimiento económico. Javier Iguiñez, economista, ha escrito: "Para los neoliberales, la carencia y el desamparo no deben ser enfrentados con la solidaridad, porque de ese modo se reduce el espíritu de pelea por la vida y se "corrompe" a las personas ¼ Esta concepción neofatalista del destino de las personas y del cambio en la sociedad está muy enraizada en nuestros pueblos, y el neoliberalismo la ha predicado con energía en los últimos años."

La competencia en el mercado es la divinidad que bien merece todos los sacrificios.

TEOLOGÍA Y ECONOMÍA

Las ciencias económicas tratan propiamente de la producción, distribución y consumo de los bienes materiales. Y, precisamente porque tratan todos los elementos materiales que necesitan las personas humanas para vivir con dignidad, es preciso que la Teología se ocupe de ella, según Jung Mo Sung, teólogo laico en Brasil, en un Artículo recientemente publicado. Nuestro Dios se revela como el Autor de la vida humana y los que creemos en este Dios de la Vida, tenemos que defender la dignidad de este don en nombre de nuestra fe.

Las ciencias económicas, como todas las ciencias humanas, no son, como las ciencias naturales, ciencias exactas. Están fundadas en ciertos presupuestos filosóficos, metafísicos y teológicos. La economía es un producto social y trata de las cuestiones relativas a la vida humana y social. Y ahora encontramos que, sin utilizar lenguaje mítico - religioso, los economistas neoliberales proponen realmente una "teología del mercado".

Varios economistas y teólogos han analizado los fundamentos teológicos del sistema vigente que se está implantando a partir de la globalización. Insisten en la necesidad de desvelar esta teología, implícita en el sistema del mercado. Según estos teólogos, el sistema del mercado resulta más claro si tenemos en cuenta dos cosas:

    • quien practica el mal en el nombre de algún dios perverso o de una devoción religiosa, posee normalmente una conciencia tranquila. (Por ejemplo, los fundamentalistas musulmanes o cristianos que cometen barbaridades en nombre de la religión) En este caso, entonces, el "mal" que sufren los pequeños del mundo no está concebido como "mal" sino como una obra salvífica;
    • si el sistema "capitalista" produce una "religión económica", consigue fascinar a las personas con sus promesas y exigencias de sacrificios, motivándolas a entrar en el "santuario del mercado".

ESPERANZA ESCATOLÓGICA

Francisco Fukuyama, en su ya famoso libro: EL FIN DE LA HISTORIA, afirma: "llegaron las buenas-nuevas". Es la manera de expresar uno de los puntos teológicos presente en toda religión - el Paraíso o Utopía, objetos de la esperanza escatológica. Los filósofos y los economistas de la modernidad ciertamente no hablan de un paraíso transcendental después de la muerte sino de un progreso tecnológico que acabará con la muerte en sus tres formas: violenta, miserable y natural. Según el pensamiento racionalista y liberal:

  • el sistema político del occidente acabará con la muerte violenta
  • el sistema económico capitalista acabará con la muerte por el hambre
  • el avance de las ciencias acabará con la muerte natural

    En el mismo libro, Fukuyama dice:

    "La conquista progresiva de la naturaleza, posibilitada por el desarrollo del método científico en los siglos XVI y XVII, se hizo de acuerdo con ciertas reglas definidas, determinadas, no por el hombre, sino por la naturaleza y por las leyes de la naturaleza. ... La tecnología hace posible la acumulación ilimitada de riqueza y, por tanto, la satisfacción de un conjunto siempre creciente de deseos humanos."

En otras palabras, el capitalismo está presentado como realizador, en el presente, de las promesas que el cristianismo hace para después de la muerte. Para los defensores del sistema neoliberal, los problemas sociales no son productos del sistema del mercado sino de la falta de su completa implementación. Nos dicen que los problemas se acabarán cuando el mercado sea "todo en todos". Y Milton Friedman, uno de los grandes defensores del sistema del mercado, insiste que hace falta "fe" en el mercado, cuando dice: "Subyacente a la mayor parte de los argumentos contra el mercado está la ausencia de fe en la libertad como tal."

El "mito de progreso" reemplaza el "paraíso" como promesa fundamental del sistema.

PECADO ORIGINAL

Como el sistema neo liberal es el nuevo camino mesiánico que lleva al paraíso y el mercado es la divinidad que asegura el cumplimiento de las promesas de riquezas ilimitadas, tiene, como toda religión e ideología, una explicación de la causa fundamental de los problemas sociales que los críticos del sistema atribuyen a él.

El ganador del Premio Nobel de Economía en 1974, Federico Hayek, al recibir el Premio, insistía en defender su tesis de que los intentos de establecer políticas económicas, con el fin de superar problemas sociales, están en la raíz de las crisis económicas y causan mucho mal en la sociedad. En otras palabras, pretender conocer los mecanismos del mercado y controlarlos es el pecado original. Para él, como para todos los economistas neoliberales, no hay otro camino que la humildad ante el mercado. Y el mayor pecado es caer en la "tentación de hacer el bien".

Peter Drucker, especialista reconocida en la Administración de Empresas, en una novela que gira en torno a un padre de familia, dice que su "única falta fue haber cedido a la tentación de hacer el bien en lugar de actuar como un burócrata".

La única ley de neoliberalismo es la del Mercado. El mal es querer intervenir en el mercado para poder hacer algún bien en el ámbito social. Evidentemente, es una total inversión de la Ley del Amor y de solidaridad cristiana. Según el ex Ministro de economía de Brasil, Roberto Campos: "la modernización presupone una mística cruel del ejercicio y del culto a la eficiencia". No podría ser más explícito - se supone una mística para superar la tentación y asumir un nuevo culto; es cruel porque coloca la vida humana en subordinación a los números macro-económicos y presupone una insensibilidad o cinismo ante los sufrimientos de los menos "competentes" y menos eficaces, los pobres.

Nuestro propio ex Ministro de Economía, Sr. Boloña, hace algunos años, rechazaba las críticas de los Obispos peruanos, declarando que no había lugar de consideraciones éticas en el sistema económico que venían desde afuera del sistema mismo. La razón es que todo está regulado desde el mercado que tiene sus propias leyes internas y no se podría ni criticarlas ni cambiarlas.

Para los neoliberales, entonces, no hay otro camino. Buscar otros caminos sería una pretensión de conocimiento del funcionamiento del mercado, falta de fe en su poder y causaría muchos problemas más.

SIN SACRIFICIOS, NO HAY SALVACIÓN

El sistema del Mercado es visto como "el camino y la verdad" que nos lleva a la vida en abundancia. En la medida que se cree esto, todo está justificado y legitimado en el nombre de la divinidad - el Mercado. Los sufrimientos y las muertes de los pobres son interpretados como "sacrificios necesarios" por los neoliberales mientras por los cristianos y muchos otros, estos mismos hechos, están vistos simplemente como 'asesinatos'.

Otro ex Ministro de Economía de Brasil, Mario Simonsen, habló explícitamente de "los sacrificios necesarios para el progreso" y que "la transición de una fase de estancamiento o semiestancamiento a otra de crecimiento acelerado, acostumbra a exigir sacrificios que naturalmente incluyen cierto número de concentración de utilidades" Acá, en el Perú, el discurso sobre los sacrificios comenzó con la llegada del gobierno actual y se sigue exhortando, pidiendo aún más sacrificios. Por supuesto, los sacrificados son siempre la población más pobre mientras que los ricos se benefician con esos sacrificios.

La "lógica de los sacrificios" está muy arraigada en las conciencias de las poblaciones del mundo. En casi todas las religiones del mundo, se encuentra una teología de sacrificio o algo equivalente. Este tipo de teología tiene la gran ventaja de dar un sentido al sufrimiento de las personas que no saben como superarlo y la gran desventaja de poder ser utilizado para legitimar un sistema de opresión.

Por eso, el "dios" Mercado, exige sacrificios. Para que los "sacerdotes" del Mercado no sean vistos como simples asesinos, es preciso afirmar la fe en el mercado y en el valor salvífico de dichos sacrificios. Cualquiera que cuestiona el valor de estos sacrificios - sindicatos combativos, movimientos populares, oposición política - se les acusa de soberbia o de una falta de patriotismo. Su pecado consiste en no aceptar ciegamente las leyes del Mercado y cuestionar el valor de los sacrificios.

El concepto religioso de "sacrificio", profundamente arraigado en la conciencia de las poblaciones, explica, en parte, el porque no hay una rebeldía masiva contra el sistema que las oprime y exige más y más sacrificios. Los "sueños" de poder participar en el fruto del sistema - riqueza ilimitada y más consumo de lo material - les parecen normales y, por supuesto, es natural la exigencia de sacrificios.

Michel Camdessus, Director General del F.M.I., hablando con el Congreso Nacional de la Asociación de Dirigentes Cristianos de Empresas de Francia en 1992, no tuvo reparo alguno en su discurso en comparar el Mercado con el Reino de Dios. Como por arte de magia, transformó el "egoísmo" del mercado en una nueva forma de solidaridad con los pobres. Dijo: "el mercado es una solidaridad internacional prometida mediante abundante elocuencia pero llega lentamente y muchas veces bajo la forma inadecuada." Pero, él mismo explicó que las palabras, "forma inadecuada", deben entenderse más como "extraños caminos del mercado en el proceso de instaurar un mundo de unidad y fraternidad."

Como dice Jung Mo Sung: "¡Fraternidad basada en la competición del mercado! He aquí un ejemplo cabal de la inversión del concepto de fraternidad cristiana."

TAREA TEOLÓGICA:

Una de las contribuciones específicas de la Teología según varios equipos de teólogos y economistas cristianos, frente al Sistema Neo - Liberal y su divinidad, el Mercado, consiste, en desenmascarar la "aura religiosa sagrada" del sistema. Es una forma de idolatría y criticarla es un primer paso al descubrimiento del Dios verdadero en la historia.

No es la 'victoria sobre el muro de Berlín o el comunismo' que da la dignidad a las personas humanas, sino la Victoria de Jesús sobre la muerte en su Resurrección. Es la fe en la Resurrección de Jesús que revela que la salvación no consiste en acumular riqueza y poder, sino en formar comunidades de personas verdaderamente humanas en que se las reconozcan con toda su dignidad. La teología cristiana sale en defensa de la vida y de la dignidad humana, escuchando los clamores de los pobres de la tierra, construyendo una sociedad más humana y justa.

Sabemos, por la experiencia histórica, que es falso comparar el "éxito material" con el Reino de Dios. Es una forma de blasfemia. La vida, pasión y muerte de Jesús nos ofrece otro modelo de "éxito". Aún después de la Resurrección, cuando el Señor se despedía de sus discípulos, algunos no entendieron el camino de Jesús. Se atrevían a preguntarle: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel?" La experiencia humana, a través de la historia, nos enseña con claridad que los justos no siempre vencen en este mundo. Los millones de víctimas de guerras injustas a través del tiempo, las víctimas de discriminación racial o étnica en Europa o África, demuestran esta verdad.

El Reino de Dios no cabe en nuestra historia. El Reino de Dios - el Paraíso - no es obra de nuestras manos ni mucho menos fruto de sacrificios en obediencia a las leyes del mercado. Es solamente fruto de la gracia y de la misericordia de Dios. La respuesta de Jesús a sus todavía confundidos discípulos sigue vigente: "A ustedes no les corresponde saber el tiempo y el momento que el Padre ha elegido y decidido." El Reino de Dios no cabe en nuestra historia.

Pero, decir que el Reino de Dios no cabe en nuestra historia, no quita su importancia. Es precisamente el horizonte del Reino que da sentido a nuestras vidas y que nos impulsa a luchar contra los sistemas de opresión o exclusión. Como todo horizonte, está siempre más adelante por más que caminemos.

Es importante destacar que hay una gran diferencia entre un sacrificio que es "un don de sí", como lo de Cristo y de los mártires, y los llamados sacrificios impuestos en nombre de una divinidad falsa. El "don de sí" es fruto de amor y libertad que nace dentro de la persona y va en dirección a la persona amada o de aquel a quien manifiesta solidaridad. Los sacrificios impuestos van en contra de la libertad de las personas que son simplemente víctimas de un gran engaño.

En la experiencia del "don de sí", se experimenta la gracia de Dios que dignifica y se comprende lo que significa decir "Dios es Amor". Al contrario, en la experiencia de los sacrificios impuestos sólo se consigue experimentar obediencia al dios de la Ley, en otras palabras, en el caso de neoliberalismo, al dios Mercado. "Donde está el Espíritu del Señor está la libertad." (II Cor 3, 17).

CONCLUSIÓN

Hay un refrán, que según me dicen, es oriental que dice: infeliz aquel a quien le toca vivir en tiempos de cambio. Y no cabe la menor duda que en los últimos 50 años ha habido más cambios en el mundo que en cualquier otra época de toda la historia humana, algunos por el bien de la humanidad y otros en su detrimento.

Uno de los efectos de estos cambios más evidentes es la globalización de la economía que, como hemos visto, se propone como la nueva utopía de felicidad para la humanidad. Sin embargo, estamos aún muy lejos de lograr esta felicidad a nivel del mundo o en cada país. Evidentemente no hemos llegado "al fin de la historia" y es urgente que busquemos alternativas y soluciones antes que los llamados avances nos destruyan.

El Racionalismo de la Ilustración, para exaltar la razón humana, sentía la necesidad de negar la transcendencia de Dios y nuestra dependencia como criaturas. Los economicistas de nuestra época han extendido esta autonomía a tal punto que no admiten ningún paradigma externo, llámese el Estado o la ética y mucho menos una Verdad Transcendental a que hay que tener referencia. Unas cuantas personas deciden lo que está bueno o malo para todos sin consultar más que sus propios intereses.

Frente al individualismo, promovido fuertemente por el sistema, que tilda la solidaridad con los pobres como debilidad y frente a la secularización y la negación de una Verdad transcendental con sus efectos evidentemente negativos de una falta de ética o moralidad - ¿qué podemos hacer nosotros que seguimos llamándonos cristianos?

Sabemos que no ha cambiado el mensaje fundamental de Cristo: que nos amemos los unos a los otros. Vivir el mensaje del evangelio en este mundo cambiante requiere coraje y perseverancia. No basta una religión de "domingos" o de culto a los santos. El evangelio exige la solidaridad y no el individualismo; el evangelio exige que el poder esté al servicio del oprimido y no un instrumento de opresión; el evangelio exige la justa distribución de la riqueza del mundo para que todos tengan los necesario y no el acaparamiento de los bienes por unos pocos en detrimento a la mayoría.

El Magisterio de la Iglesia, fuente de su enseñanza social, ofrece pistas de entendimiento de los principios que tienen que guiarnos en la búsqueda de soluciones conformes a nuestra fe. Las Encíclicas y Exhortaciones de Juan Pablo II son verdaderas fuentes de sabiduría cristiana para el momento que vivimos. Nadie ha manifestado tan enérgicamente su preocupación por la situación social en estos últimos años más que este Papa. Mientras todas las Encíclicas Sociales insisten en la dignidad de cada persona y el respeto de sus derechos fundamentales como hijos e hijas de Dios, la Encíclica doctrinal, Esplendor de la Verdad, expone la falacia de la absolutización de las verdades relativas de las ciencias, reclamando que lo único Absoluto es la Verdad transcendental quien es Dios.

Los pobres escuchan con esperanza las palabras de la Iglesia. Pero, los "nuevos pontífices del Mercado", los economistas del sistema, no dejan de desprestigiarlas o callarlas, controlando los medios de comunicación, sus aliados principales.

La Iglesia no pretende elaborar un sistema económico como tampoco pretende presentar un sistema político. Busca, en su doctrina, proponer principios y valores válidos para la convivencia pacífica y fraterna de todos los pueblos y todas las personas. Así es el propósito de su Enseñanza Social.

Nos quedamos con unas preguntas sumamente inquietantes:

  • ¿Es posible reconciliar el neoliberalismo con el cristianismo auténtico?
  • ¿Qué podemos hacer como cristianos encarnados en el mundo?
  • ¿El evangelio tendrá vigencia en el tercer milenio?

En el Antiguo Testamento, el Profeta Elías exigía al pueblo que escogiera entre los Baales o dioses falsos de los Caananitas y el Dios verdadero: "¿Hasta cuando van a estar cojeando con los dos pies? Si Yahvéh es Dios, síganlo; si Baal, sigan a éste" (I Reyes, 18, 21).

Jesús dijo lo mismo pero de otra manera: "Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y el dinero." (Mt 6, 24).

A nosotros nos toca elegir entre el "dios Mercado" y el Dios de N.S. Jesucristo; de elegir entre los valores del mundo y los del Reino. No podemos tener un pie por un lado y el otro pie al otro lado, cojeando, como decía Elías. Tampoco podemos servir a dos señores. O estamos construyendo el Reino de paz, justicia y el amor anunciado por Cristo o estamos con aquellos que gritaron: Crucifícale.

BIBLIOGRAFÍA:

Jesús Espeja OP: El Evangelio en un Cambio de Época - Ed. Verbum Divino - 1996

Pablo Nguyen Thai-Hop OP: Neoliberalismo ¿Tienen Salida los Pobres?

Neo Liberalismo y Desarrollo Popular: Inst. Bartolomé de las Casas / CEP 1995

Javier Iguiñez: Buscando Salidas: Inst. B. de las Casas / CEP 1995

PAZ (Revista de CEAPAZ - Lima) 1998


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