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Introducción I, II, III
La primera Bienaventuranza
La segunda Bienaventuranza
La tercera Bienaventuranza
La cuarta Bienaventuranza
La quinta Bienaventuranza
La sexta Bienaventuranza
La septima Bienaventuranza
La octava Bienaventuranza
María y las Bienaventuranzas
Bibliografia |
Introducción III
LAS VERSIONES
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SAN MATEO
1. Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
2. Bienaventurados los mansos, porque ellos herederán
la tierra.
3. Bienaventurados los que están tristes, porque
ellos serán consolados.
4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados.
5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.
6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios.
7. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos
serán llamados los hijos de Dios.
8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque suyo es el reino de los cielos.
Bienaventurados serán cuando los injurien y los persigan
y digan todo mal contra Uds., mintiendo, por mi causa. Alégrense
y regocíjense, porque su recompensa será grande
en los cielos. Pues así persiguieron a los profetas anteriores
a Uds.
(Mt. 5, 3 - 12) |
SAN LUCAS
1. Bienaventurados los pobres, porque suyo es el reino
de Dios.
2. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque
serán satisfechos.
3. Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán.
4. Bienaventurados serán cuando los odien los
hombres y cuando los expulsen y los insulten y
proscriban su nombre como malo a causa del Hijo del hombre.
Alégrese aquel día y salten de gozo porque su
recompensa será plena en el cielo; pues así
hacían sus padres con los profetas.
En cambio,
1. Ay de Uds. los ricos, porque han recibido su consolación.
2. Ay de Uds. los que ahora están repletos, porque
tendrán hambre.
3. Ay de Uds. los que ahora ríen, porque llorarán
y gemirán.
4. Ay cuando los alaben todos los hombres. Igual hacían
sus padres y los falso profetas.
(Lc. 6, 20 - 26) |
Se puede notar, sin dificultad, que la linea esencial del
pensamiento en las dos versiones de las Bienaventuranzas es una,
aunque con características diferentes.
En Mateo son ocho (8); en Lucas, cuatro (4), con cuatro maldiciones.
En Mateo se relatan en tercera persona del plural; en Lucas,
en segunda.
Mateo añade « de espíritu», habla
de hambre « de justicia» de los tristes; Lucas habla
de los realmente pobres, de hambre de pan, de los que lloran.
Todas las bienaventuranzas se asemejan por su forma de expresión.
En cada una se distingue tres (3) elementos:
1. el término «bienaventurado» que es un
deseo de dicha;
2. se citan algunas categorías de personas a las cuales
son aplicable las bienaventuranzas - personas que tienen un comportamiento
bien determinado o que en su vida han optado por una actitud
fundamental.
3. se citan los motivos por los cuales esas personas merecen
ser llamadas bienaventuradas. El verdadero motivo, el único
en el que se resumen todos los demás, se cita en la primera
y en la octava «porque de ellos es el reino de Dios»
Es muy importante recordar un hecho histórico, a veces
olvidado o que, a veces, parece no tener importancia - ni Mateo
ni Lucas actuaron como secretarios del Señor. Es decir,
los evangelios fueron escritos varias decenas después
de la Resurrección y Asención de Jesús.
Su forma de recordar y componer sus memorias de Jesús
- sus palabras, sus obras, los acontecimientos de su vida - reflejan
ya años de predicación y evangelización,
cada uno con públicos distintos, cada uno consciente de
los problemas que han surgido en las nuevas comunidades con el
paso del tiempo. Es natural que aparecen diferencias, entonces,
no en la esencia sino en la forma de relatar y en los detalles.
Mateo está escribiendo para una generación de
cristianos cuyo entuesiasmo inicial se ha enfriado. Intenta actualizar
las palabras de Jesús de tal manera que los discípulos
nuevos captan las exigencias que expone el Maestro para que sean
verdaderamente sus discípulos. Se dirige principalmente
a judíos convertidos al camino indicado por Jesús.
Lucas, por otro lado, se dirige principalmente a paganos sin
la tradición bíblica. No han conocido Yavé
ni su intervención histórica en la marcha de su
pueblo. Sus dioses han sido la riqueza y los valores terrenos.
En esta situación, exalta al estado de bienaventuranza
la situación social en que se mueven los pobres y los
miserables de este mundo.
El Concilio Vaticano II, en la Constitución VERBUM
DEI , nº 9, dice: «Los autores sagrados escogieron
algunas cosas, sintetizaron otras, las explicaron atendiendo
a la condición de las Iglesias ... ; pero siempre nos
comunicaron la verdad sincera acerca de Jesús.»
Así, Mateo y Lucas reproducen las bienaventuranzas,
no tal como las oyeron de boca del Señor, sino como las
recitaban sus comunidades, después de oídas a los
que «desde el principio fueron testigos oculares y ministros
de la palabra». Ellos eran ministros, no de la letra, sino
del Espíritu. «La letra mata, más el Espíritu
da vida» (2 Cor 3,6). El Maestro no es letra muerta sino
viva (Jn 6, 63). El sentido auténtico de las bienaventuranzas
está garantizado por el carisma de la inspiración,
por la asistencia del Espíritu Santo (Jn 14, 26).
El autor único de las bienaventuranzas es Jesús;
los destinatarios - sus discípulos (Mc 3, 13). Dios ha
venido revelándose, poco a poco, al Pueblo de Israel,
a través del tiempo; Jesús mismo es la culminación
de esa revelación. En el Sermón de la Montaña,
Jesús completa las exigencias morales de aquellos que
quieren ser sus discípulos. Las bienaventuranzas enseñan
el camino perfecto.
¿Quiénes son los discípulos de Jesús?
En tiempos antiguos, en Grecia como en los países orientales,
el discípulo fue mucho más que un alumno, alguien
que aprendía de otro, el maestro. Los grandes maestros
de filosofía griega como Pitágoras, Platón,
Aristóteles y otros, tenían sus discípulos,
aquellos que aprendían del maestro, siguiendo sus pasos.
Literalmente, lo seguían por las calles, en todas partes,
escuchando su cada palabra y hasta imitando su forma de vida.
Lo mismo puede observarse en las grandes escuelas de espiritualidad
oriental de la China o del Japón. El maestro seleccionaba
sus discípulos y los preparaba para la vida.
En Israel, el maestro, en tiempos de Jesús, fue el
Rabí. El también seleccionaba sus discípulos
y les enseñaba la "ley", la tora. En el ámbito
rabinico, el maestro es seguido por sus discípulos - como
servidores - a una cierta distancia; lo primero es seguir al
Maestro. Seguir detrás llega a ser un término
técnico para expresar las relaciones entre el Maestro
y el discípulo. El discípulo no solamente «aprende»
del maestro sino adquiere una experiencia de vida, imitándolo.
El maestro enseñaba no solamente en las clases de la Tora
sino por el ejemplo de su vida.
Este es el ambiente y la mentalidad que nos describe el Evangelio
refiriéndose a Jesús, como Maestro, y a aquellos
que lo seguían, los discípulos. Pero, Jesús
pone condiciones nuevas, desconocidas hasta su tiempo, para que
alguién sea su discípulo; Él propone una
nueva escala de valores que rompe todos los esquemas y desconcierta
a los hombres y mujeres de todos los tiempos.
Después de responder a la llamada de Jesús,
el discípulo pone su confianza incondicionalmente en las
manos de Dios (Mt. 6, 33) Las Bienaventuranzas indican el camino
que uno tiene que seguir para ser realmente discípulo
del único Maestro que "tiene las palabras de vida
eterna." |