Lino Dolan, O.P.

 

 Introducción I, II, III

La primera Bienaventuranza

La segunda Bienaventuranza

La tercera Bienaventuranza

La cuarta Bienaventuranza

La quinta Bienaventuranza

La sexta Bienaventuranza

La septima Bienaventuranza

La octava Bienaventuranza

María y las Bienaventuranzas

Bibliografia

Introducción III

LAS VERSIONES
 

SAN MATEO

1. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

2. Bienaventurados los mansos, porque ellos herederán la tierra.

3. Bienaventurados los que están tristes, porque ellos serán consolados.

4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

7. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados los hijos de Dios.

8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque suyo es el reino de los cielos.

Bienaventurados serán cuando los injurien y los persigan y digan todo mal contra Uds., mintiendo, por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos. Pues así persiguieron a los profetas anteriores a Uds.

(Mt. 5, 3 - 12) 

SAN LUCAS

1. Bienaventurados los pobres, porque suyo es el reino de Dios.

2. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán satisfechos.

3. Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán.
 
 

4. Bienaventurados serán cuando los odien los hombres y cuando los expulsen y los insulten y proscriban su nombre como malo a causa del Hijo del hombre.

Alégrese aquel día y salten de gozo porque su recompensa será plena en el cielo; pues así hacían sus padres con los profetas.

En cambio,

1. Ay de Uds. los ricos, porque han recibido su consolación.

2. Ay de Uds. los que ahora están repletos, porque tendrán hambre.

3. Ay de Uds. los que ahora ríen, porque llorarán y gemirán.

4. Ay cuando los alaben todos los hombres. Igual hacían sus padres y los falso profetas.
 
 
 
 
 
 

(Lc. 6, 20 - 26)

Se puede notar, sin dificultad, que la linea esencial del pensamiento en las dos versiones de las Bienaventuranzas es una, aunque con características diferentes.

En Mateo son ocho (8); en Lucas, cuatro (4), con cuatro maldiciones.

En Mateo se relatan en tercera persona del plural; en Lucas, en segunda.

Mateo añade « de espíritu», habla de hambre « de justicia» de los tristes; Lucas habla de los realmente pobres, de hambre de pan, de los que lloran.

Todas las bienaventuranzas se asemejan por su forma de expresión. En cada una se distingue tres (3) elementos:

    1. el término «bienaventurado» que es un deseo de dicha;

    2. se citan algunas categorías de personas a las cuales son aplicable las bienaventuranzas - personas que tienen un comportamiento bien determinado o que en su vida han optado por una actitud fundamental.

    3. se citan los motivos por los cuales esas personas merecen ser llamadas bienaventuradas. El verdadero motivo, el único en el que se resumen todos los demás, se cita en la primera y en la octava «porque de ellos es el reino de Dios»
     
     

Es muy importante recordar un hecho histórico, a veces olvidado o que, a veces, parece no tener importancia - ni Mateo ni Lucas actuaron como secretarios del Señor. Es decir, los evangelios fueron escritos varias decenas después de la Resurrección y Asención de Jesús. Su forma de recordar y componer sus memorias de Jesús - sus palabras, sus obras, los acontecimientos de su vida - reflejan ya años de predicación y evangelización, cada uno con públicos distintos, cada uno consciente de los problemas que han surgido en las nuevas comunidades con el paso del tiempo. Es natural que aparecen diferencias, entonces, no en la esencia sino en la forma de relatar y en los detalles.

Mateo está escribiendo para una generación de cristianos cuyo entuesiasmo inicial se ha enfriado. Intenta actualizar las palabras de Jesús de tal manera que los discípulos nuevos captan las exigencias que expone el Maestro para que sean verdaderamente sus discípulos. Se dirige principalmente a judíos convertidos al camino indicado por Jesús.

Lucas, por otro lado, se dirige principalmente a paganos sin la tradición bíblica. No han conocido Yavé ni su intervención histórica en la marcha de su pueblo. Sus dioses han sido la riqueza y los valores terrenos. En esta situación, exalta al estado de bienaventuranza la situación social en que se mueven los pobres y los miserables de este mundo.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución VERBUM DEI , nº 9, dice: «Los autores sagrados escogieron algunas cosas, sintetizaron otras, las explicaron atendiendo a la condición de las Iglesias ... ; pero siempre nos comunicaron la verdad sincera acerca de Jesús.»

Así, Mateo y Lucas reproducen las bienaventuranzas, no tal como las oyeron de boca del Señor, sino como las recitaban sus comunidades, después de oídas a los que «desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra». Ellos eran ministros, no de la letra, sino del Espíritu. «La letra mata, más el Espíritu da vida» (2 Cor 3,6). El Maestro no es letra muerta sino viva (Jn 6, 63). El sentido auténtico de las bienaventuranzas está garantizado por el carisma de la inspiración, por la asistencia del Espíritu Santo (Jn 14, 26).

El autor único de las bienaventuranzas es Jesús; los destinatarios - sus discípulos (Mc 3, 13). Dios ha venido revelándose, poco a poco, al Pueblo de Israel, a través del tiempo; Jesús mismo es la culminación de esa revelación. En el Sermón de la Montaña, Jesús completa las exigencias morales de aquellos que quieren ser sus discípulos. Las bienaventuranzas enseñan el camino perfecto.

¿Quiénes son los discípulos de Jesús?

En tiempos antiguos, en Grecia como en los países orientales, el discípulo fue mucho más que un alumno, alguien que aprendía de otro, el maestro. Los grandes maestros de filosofía griega como Pitágoras, Platón, Aristóteles y otros, tenían sus discípulos, aquellos que aprendían del maestro, siguiendo sus pasos. Literalmente, lo seguían por las calles, en todas partes, escuchando su cada palabra y hasta imitando su forma de vida.

Lo mismo puede observarse en las grandes escuelas de espiritualidad oriental de la China o del Japón. El maestro seleccionaba sus discípulos y los preparaba para la vida.

En Israel, el maestro, en tiempos de Jesús, fue el Rabí. El también seleccionaba sus discípulos y les enseñaba la "ley", la tora. En el ámbito rabinico, el maestro es seguido por sus discípulos - como servidores - a una cierta distancia; lo primero es seguir al Maestro. Seguir detrás llega a ser un término técnico para expresar las relaciones entre el Maestro y el discípulo. El discípulo no solamente «aprende» del maestro sino adquiere una experiencia de vida, imitándolo. El maestro enseñaba no solamente en las clases de la Tora sino por el ejemplo de su vida.

Este es el ambiente y la mentalidad que nos describe el Evangelio refiriéndose a Jesús, como Maestro, y a aquellos que lo seguían, los discípulos. Pero, Jesús pone condiciones nuevas, desconocidas hasta su tiempo, para que alguién sea su discípulo; Él propone una nueva escala de valores que rompe todos los esquemas y desconcierta a los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Después de responder a la llamada de Jesús, el discípulo pone su confianza incondicionalmente en las manos de Dios (Mt. 6, 33) Las Bienaventuranzas indican el camino que uno tiene que seguir para ser realmente discípulo del único Maestro que "tiene las palabras de vida eterna."


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