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Introducción I, II,
III
La primera Bienaventuranza
La segunda Bienaventuranza
La tercera Bienaventuranza
La cuarta Bienaventuranza
La quinta Bienaventuranza
La sexta Bienaventuranza
La septima Bienaventuranza
La octava Bienaventuranza
María y las Bienaventuranzas
Bibliografia |
LAS BIENAVENTURANZAS Introducción II
(MAKARISMOS)
BIENAVENTURADO (makarios en griego; asre en hebreo):
= el estado dichoso de alguien que está por encima del
dolor terreno y de todo lo humano. No es una expresión
de resignación humana sino de exultación y gozo
personal.
BIENAVENTURADO equivale a venturoso, feliz, dichoso, lleno
de alegría, realizado. Es bienaventurado quien ha
tenido éxito, quien está gozoso,
quien está en paz, quien experimenta la serenidad.
El deseo de la felicidad es común en todas las culturas.
La alegría es eminentemente humano. La alegría
no es una virtud sino el resultado de la práctica de varias
virtudes. Para nosotros, los cristianos es una obligación
(2 Cor. 13, 11).
Entre los griegos también encontramos "bienaventuranzas";
fueron relacionados con la vida de los "dioses" o el
descanso de los muertos; con riqueza material o el éxito
en la guerra; por tener una familia feliz o con la sabiduría.
Entre los muselmanes, las bienaventuranzas referían
a aquellos que cumplen con sus deberes y con la voluntad de Dios.
Entre los Hebreos:
En Israel, la bienaventuranza presupone una cierta conducta
en el que la recibe; hay que hacer algo para merecerla. Las bendiciones
y maldiciones implican una exhortación, una enseñanza
moral, p. ejem. «feliz a quien Dios corrige» (Job
5, 17); «dichoso el que sepa esperar, y alcance muchos
días» (Dan. 12,12)
Son como caminos que conducen a la dicha:
caminos de política: Ecl. 10,17
caminos de virtudes sociales: Prov. 14,21
caminos de desapego de la riqueza: Eclo 31,8
Son consejos de sabiduría popular, aunque Israel les
da un sentido profundamente religioso. Más que complacerse
en la dicha, las bienaventuranzas muestran el camino. La dicha
que anuncian es la que promete la palabra de Dios y esta
dicha no es otra cosa que el mismo Dios (salmo 119, 1 - 2)
En el A.T. se llama BIENAVENTURADOS a personas y, a veces,
el pueblo entero:
la mujer que ha recibido el don de la fecundidad (Gen.30,13)
el hombre a quien Dios corrige (Job 5,17)
el que guarda la ley y los preceptos y es misericordioso
y justo (Tob 14,9)
el hombre que no se alía con los impíos
(Sal 1,1)
el que espera en el Señor (Sal 33,9;39,5;83,13)
el que se preocupa del extranjero y del pobre (Sal.
40,2; Prov 14,21)
el hombre a quien Dios eligió y tomó
como suyo (Sal 64,5)
el pueblo que conoce la alegría (Sal 88,16)
el hombre a quien Dios enseña (Sal 93, 12)
el hombre que tiene temor de Dios (Sal 111,1; 127,1)
el que come del trabajo de sus manos (Sal 127,2)
el pueblo cuyo Dios es el Señor (Sal 143,15)
el hombre cuyo auxilio es el Dios de Jacob(Sal 145,5)
el hombre que logró adquirir sabiduría
(Prov 3,13)
el hombre que adhiere firmamente a la sabiduría
(Prov. 3,18)
el hombre que escucha la voz de la sabiduría
(Prov 8,34)
el que persevera en el temor de Dios (Prov 28,
14)
el que guarda la ley de Dios (Prov 29, 18)
el hombre que tiene una mujer sensata (Sir 25,11)
el que ha encontrado un verdadero amigo (Sir 25)
el hombre que no corre tras el oro (Sir 31,8)
el que observa el día del Señor (Is 56,2)
el país que tiene por rey a un hombre de nobles
sentimientos (Ec 10,17)
la mujer hacendosa, prudente y previsora (Prov.31,28)
la esposa amada (Cant 6,9)
los que gozaban de la sabiduría de Salomón
(1Rey 10,8)
los que habiten en la casa del Señor (Sal 83,5)
los que observan el derecho y obran la justicia en
todo tiempo (Sal 105, 3)
los de conducta íntegra y que caminan en la
ley de Dios (Sal 118,1)
los que guardan las palabras de Dios y lo buscan de
todo corazón (Sal 118, 2)
los que aguardan al Señor (Is 30, 18)
nosotros, que sabemos qué es lo que agrada al Dios(Bar
4,4)
los hijos del hombre justo, del que camina con integridad
(Prov 20, 7)
Los textos muestran que la «bienaventuranza» es
alegría que procede de una vida que se ajusta a la
sabiduría.
En el Nuevo Testamento:
En los makarismos del NT, a diferencia de los del mundo griego,
todos los bienes y valores humanos desapaercen ante el único
supremo valor del Reino de los Cielos. En adelante, toda bienaventuranza
estará vinculada al acontecimiento exclusivo y decisivo,
inaugurado con la venido de Jesús: el advenimiento del
Reino.
Los Evangelios atribuyen a Jesús 20 bienaventuranzas
además de las ocho de Mateo:
Mt: 11,6; 13,16; 16,17; Lc: 11, 27-28; 12, 38; 12, 43; 12,
14; 14,14; 23, 29; Jn. 13, 71; 20, 29.
Lucas conserva 3 que no son de Jesús: 1,45; 11, 27;
14, 15.
Además, en el NT, hay 11 más, de las cuales
7 están en Apocalipsis: Ap 1,3; 14, 13; 16, 15; 19, 9;
20, 6; 22, 7 - 14.
Las bienaventuranzas del sermón de la montaña
unen los temas de la proclamación de la dicha y la indicación
del camino para conseguirla.
La felicidad, incluída en las bienaventuranzas bíblicas,
es ya para disfrutarla, de algún modo, mientras vivimos
en la tierra.
Lc. 10, 23-24; Lc 14, 15 - 17; Lc 12, 37 - 43; Lc 14, 13-14;
Ap 16, 15; 22, 14.
Las bienaventuranzas no son solamente una promesa de felicidad
sino también una proclamación que se cumple al
pronunciarlas. A la vez que prometen la salvación para
el futuro, comportan una felicidad en el presente, y, nos invitan
desde ahora a la alegría, No se trata de una evasión
del presente, buscando un refugio en el porvenir. Es una
constatación de que el momento presente, aunque no es
en sí algo definitivo, está ya vinculado al futuro
de Dios. Por eso, las promesas de las bienaventuranzas como todas
las promesas de Jesús, se han de cumplir ya aquí
y ahora, como verdadera anticipación del Reino de Dios.
Ya, desde ahora, se realiza la promesa.
Jesús dice, a la vez, en que consiste la bienaventuranza
- el Reino, la tierra, la consolación, la filiación
divina, la visión de Dios ... - y cuáles son las
condiciones para conseguirla - pobreza, humildad, hambre, pureza
...
Con diferentes nombres y expresiones, Jesucristo ha ido prometiendo
al bienaventurado la vida: el reino de los cielos,
la tierra de los vivos, el consuelo perfecto, la satisfacción
de nuestros deseos. También ha mostrado el camino
para llegar allí: desprendimiento de nosotros mismos,
mansedumbre, misericordia humana, limpieza, hambre de paz y justicia.
Las bienaventuranzas son el mensaje más nuevo; su evangelio
- buena noticia, la ley fundamental de la Iglesia, de la vida
cristiana - la ley fundamental del único valor: el Reino.
Lo demás, añidadura. Lo demás, nada.
No existe valor alguno ante él. Las bienaventuranzas lo
han relativizado todo.
Jesús rompe decididamente con los esquemas de felicidad
del mundo: la felicidad no se funda en el poder, ni en la riqueza
del dinero, sino en la conducta del hombre. El cielo, o comienza
en la tierra, o no comienza nunca.
El Papa, Pablo VI, buscando una palabra moderna para traducir
el concepto de las bienaventuranzas, para encontrar el "sentido
de la vida", utiliza la expresión: «realización
plena del hombre».
El hombre está plenamente desarrollado cuando vive
las bienaventuranzas. |