I. INTRODUCCIÓN
Quiero iniciar esta conferencia con dos pasajes bíblicos: el primero para enfocar el aspecto de la globalización y el otro él de la comunicación de la Fe.
Génesis 11, 1 9; Torre de Babel
Lucas 10, 25 37; el Buen Samaritano
II. GLOBALIZACIÓN
Un teólogo dominico, José Ramón López de la Osa, a partir del relato de la Torre de Babel nos dice, en un artículo publicado en la revista centroamericana, Alternativa, que el deseo de universalización y uniformidad no es algo nuevo ni fruto de una actitud moderna sino tan antiguo como los mitos originarios de la cultura y de la religión.
¿El sueño de los habitantes del oriente que querían construir su ciudad en la llanura de Sinear ya se está realizando en nuestros tiempos en este fenómeno que se está llamando globalización? ¿Habrá una sola cultura mundial, producto de la tecnología moderna? ¿Qué cosa, en fin, es la globalización y cómo afecta nuestra vida? ¿Será posible ser cristiano en la nueva era que, según muchos científicos, ya ha comenzado?
1. El fenómeno
Parecería que la nueva torre de Babel es cada día más alta y más perfecta según un primer análisis de nuestro autor: es funcional, pragmático e imparable democracia universal como meta, sistema monetario mundial, mercado global, tecnología y sistema de comunicación planetario son algunos de los componentes evidentemente visibles y comprobables de la nueva era de la llamada Aldea global que abarcará el mundo entero.
¿Está bueno o está malo lo que está sucediendo? Frente a estas preguntas, por supuesto, hay opiniones profundamente divididas pero cualesquiera que fuera nuestra opinión nadie puede negar que el fenómeno de la globalización es un hecho que está teniendo repercusiones a nivel mundial y en todas las áreas de la vida humana.
Parece cierto, como piensan algunos, que el fenómeno de la globalización refiere principalmente al área comercial y financiera, es decir, al establecimiento de una economía mundial. El seminario prestigioso inglés, The Economist, propone que será el gran motor para que se logre el enriquecimiento de todos. Pero, cada día se ve con más claridad que el fenómeno está afectando y configurando el futuro inmediato a nivel planetario no solamente en la economía sino en todas las áreas de la vida de la sociedad humana.
Evidentemente, los que han manifestado más entusiasmo con la llegada de un Mercado Global son los banqueros, ejecutivos de transnacionales y los economistas del sistema económico neo liberal. Sin embargo, la población, en general, no ve ni siente mejora alguna en sus ingresos sino, al contrario, se nota mayor desocupación y menor poder adquisitivo de sus salarios.
2. Lo bueno y lo malo
No es mi intención satanizar el proceso de globalización. Dentro de su dinamismo universalizador hay aportes muy positivos que deben ser promovidos a favor de toda la humanidad:
Hay en el mundo una mayor conciencia de la universalidad de la naturaleza humana, ayudando a superar provincialismos y sectarismos debido a la posibilidad de vivir y sentir con más cercanía, interés y sensibilidad los acontecimientos en otras partes del globo.
Con todo su inmenso potencial de conexiones mundiales, puede constituirse en un eficaz instrumento para la preservación y defensa del medio ambiente, para el control del narcotráfico y de la carrera armamentista, para enfrentar organizadamente toda clase de problemas sociales como el hambre, el analfabetismo, la discriminación y otros males sociales.
Frente al desprestigio universal de los partidos políticos y la desaparición de organizaciones sindicales y populares, pueda ser un instrumento válido de la sociedad civil en defensa de los derechos ciudadanos y humanos.
Sin embargo, el revés de este fenómeno de la globalización o mundialización es, de hecho, muy preocupante. Casi exclusivamente se está convirtiendo en una nueva ideología que justifica el sistema económico llamado neo liberal. Sabemos que para el neo liberalismo no existe la justicia social. Su único interés es que el mecanismo del mercado funcione sin restricciones algunas. Este sistema, oficialmente, excluye cualquier consideración ética de sus postulados y crea nuevos bolsones de pobreza.
Veamos a dónde van los tentáculos de la globalización cuando esté al servicio del sistema neo liberal:
En el área de la economía, como ya se ha dicho, se impone el modelo neo liberal, el mercado como juez y parte; concentración de riqueza en pocas manos con el resultado de mayor desocupación, aumento de pobreza, economía informal con creciente poder a las transnacionales.
En el área social: fragmentación y debilitamiento de las organizaciones populares, urbanización creciente y deshumanizadora, migraciones internas y al extranjero, aumento de agresividad, violencia, marginación y exclusión de grandes sectores de la población de participación cívica.
En el área cultural: inmenso poder de los medios de comunicaciones con capacidad de desinformar, promover el consumismo, el individualismo, el hedonismo y controlar el pensamiento político, social y político de la población.
En el área de la ética: crisis en la moral pública, corrupción generalizada, relativismo y subjetivismo ético, autonomía de la economía frente a la ética, manipulación genética.
En el área de lo religioso: intimismo e individualismo religioso, sectarismo, evasionismo, fundamentalismo, indiferencia, búsqueda de Dios sin compromiso humano.
3. Alcances
El proceso de la globalización, como se ha visto, podría ser una tremenda herramienta a beneficio de toda la humanidad. Sin embargo, tal como se viene desarrollando, vemos que los efectos negativos para la mayoría de la población mundial superan, por mucho, los beneficios. El predominio del sistema económico neo liberal asegura que la globalización del mercado y de la economía, con la ayuda de los medios de comunicación y su influencia en la formación de las mentalidades de los pueblos, beneficiará principalmente a los que ya tienen mucho, mientras disminuya el poco que tienan los demás.
El informe de 1996 del Programa de Las Naciones Unidas para el Desarrollo nos comunica que 358 personas súper millonarias poseen una cantidad de dinero superior a casi la mitad de la población mundial. En el mismo informe nos dice que, en la actualidad, 1,600 millones de personas están en peores condiciones económicas que hace 15 años.
Asimismo, en otro informe, del Banco Mundial, se relata, con cierta ironía, que en 1996 se dio un crecimiento económico en América Latina pero, al mismo tiempo, informa que se ha aumentado el número de pobres. 1 de cada 3 latinoamericanos es pobre y un total de 86 millones sufren la pobreza extrema, es decir, 18% de la población. Como dijo el Papa, Juan Pablo II, en la reunión de Obispos latinoamericanos en Puebla en 1978 ricos cada vez más ricos a costo de pobres cada vez más pobres.
En resumen, los más interesados en promover la globalización nos dicen que en este fenómeno estamos, todos, encaminado hacia un mundo de mayor unidad económica, financiera, tecnológica y política. Sin embargo, los frutos, hasta ahora, indica, más bien, que estamos en rumbo hacia lo que algunos llaman una dualización, es decir, el mundo camina hacia una mayor diferenciación y discriminación, tanto económica como social. El mercado libre establecido por el neo liberalismo, privilegia a los más fuertes. La dualidad consiste en la desigualdad de los términos de participación en el sistema. Los que controlan el banco, las transnacionales y el mundo financiero ponen las condiciones que favorecen a sus propios intereses, con detrimento a los más débiles. Así, instaurado la ley del más fuerte, no hay posibilidad de igualdad que se supone debe existir siempre entre las partes involucradas en un mundo realmente unido como una aldea global.
III. Transmitir la Fe
Y esta es la realidad en que estamos inmersos con nuestra fe cristiana qye quisiéramos transmitir al mundo. ¿Cómo podemos vivir y comunicar la Fe en Jesucristo y su mensaje de salvación en un medio ambiente, lleno de injusticias, indiferencia política hacia el bien común y las violencias y discordias que resultan de las divisiones en él?
1. El quehacer cristiano
Según el relato bíblico, Dios intervino en la construcción de la torre de Babel y dispersó a aquellos que, con soberbia, pensaban alcanzar los cielos, es decir, superar a Dios mismo. Toda la historia sagrada, relatada en la Biblia, nos hace comprender que el plan de Dios es universal y su salvación debe llegar a todos. La fuente de la unidad humana no es una economía globalizada sino el Amor que Dios tiene para sus criaturas y el amor que nosotros, sus criaturas, le tenemos para Él y los unos hacia los otros.
Por esto, pienso que frente a la pregunta que es el título de esta ponencia, ¿Cómo comunicar la Fe en un mundo globalizado?, tendríamos que volver a mirar, con mucho cuidado y sincera honestidad, como evangelizaba Jesús y, después de Él, los Apóstoles y los santos y las santas a través de estos dos milenios. La globalización, tal como se la ha descrito, no busca la unión entre los hombres y los pueblos sino una cierta uniformidad que pueda beneficiar los intereses económicos de unos cuantos a costo de la exclusión de las necesidades básicas de las grandes mayorías. El individualismo predomina en la sociedad, cada uno va a lo suyo, desentendiéndose de los demás. Como ya se ha visto, se impone la ley del más fuerte con la obsesión de satisfacer, a toda costa y cuanto antes, las ambiciones personales o de grupos especializados con una insensibilidad frente al sufrimiento de los demás. El pensamiento neo liberal enquistado en las corrientes globalizadoras se basa en una antropología de tipo reduccionista, obsesionada en la dimensión de tener, en detrimento de la del ser.
Los cristianos, como Jesús mismo, en medio de este ambiente seductor, para ser fieles a sus compromisos bautismales, tenemos que ser símbolos dinámicos de la Misericordia de Dios, manifestada en la vida, palabras y actitudes de Jesús mismo. Dios es Amor y amor gratuito que se deja impactar por las situaciones de desgracia de los otros. Además, se arriesga, poniéndose a lado de ellos, haciéndose persona humana. Este es el significado profundo de la Encarnación Dios se hizo hombre, parte de nuestra historia, haciéndose igual a nosotros en todo, menos el pecado.
Tiene que llegar un momento de elección: o se sigue el camino de un desarrollismo ciego de la técnica y el realismo chato de la economía o se busca la senda de la solidaridad. La economía y el desarrollo no son solamente cuestiones técnicas. También tienen una dimensión ética aunque los economistas del sistema lo nieguen. Es la dimensión ética que orienta los comportamientos de las personas y de los grupos sociales. Sin orientación ética se tiene una caos social.
El principio fundamental de una ética fundamentada en una antropología cristiana es que la persona humana está considerada como el centro y el fin de todo lo demás y nunca simplemente como un medio más en un sistema de producción o un elemento al margen de las decisiones que afectan su vida. La Iglesia, en su Doctrina Social, ha insistido siempre que es la dignidad de cada persona humana que tiene que orientar todas las instituciones de la sociedad y las relaciones entre personas y pueblos. La Ley del Talión o del más fuerte está reemplazada por la Ley del Amor Universal una auténtica familia global unida bajo la Paternidad de un solo Padre, misericordioso y compasivo.
Con este en mente, miremos con atención a la parábola del Buen Samaritano que hemos citado al principio.
Esta Parábola nos muestra el rostro humano de Dios y ha de ser la inspiración permanente de la vida cristiana. Jesús contó esta parábola en respuesta a una pregunta hecha por un Maestro de la Ley que posiblemente quería entramparlo. Cuando Jesús contestó su pregunta en cuanto a lo que tendría que hacer para tener la vida eterna, es decir, amar a Dios y al prójimo, el Maestro de la Ley le preguntó: y ¿quién es mi prójimo? Y allí venía el relato que conocemos.
Fíjense bien, no se dice si la víctima fuera judío, samaritano o de cualquier caravana que pasara por allí. Simplemente que fue víctima de una atraco y que estaba en necesidad de ayuda. El sacerdote y el Leví que pasaron de largo no querían complicarse la vida ni correr el riesgo de hacerse impuros frente a la Ley. El samaritano, el no creyente en la Ley, se arriesgó de todo dio su tiempo, su dinero, su bestia postergando sus propios planes; se dejó impactar frente al sufrimiento de un desconocido en el camino. Y, el Maestro de la Ley tuvo que admitir que el que tuvo compasión fuera el verdadero prójimo. No es el asaltado a quien se refiere sino al quien tuvo compasión, a quien supo arriesgarse para otro. No sabemos si el recipiente de este acto de compasión tuviese gratitud o no; no sabemos nada de él. Pero el que tuvo compasión mostraba el rostro humano de Dios. Y el Señor dijo, al final, al Maestro de la Ley y a cada uno de nosotros Vete y haz tu lo mismo.
En su Carta Encíclica, «Dives en Misericordia» (Rico en Misericordia), el Papa, Juan Pablo II ha escrito: El misterio de Dios «Padre de Misericordia» constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia. En la misma carta decía: ella (la Iglesia) vive una vida auténtica cuando profesa y proclama la misericordia y, también, es necesario que la Iglesia de nuestro tiempo adquiera conciencia más honda y concreta de la necesidad de dar testimonio de la misericordia de Dios en su misión.
2. La práctica cristiana
La clave, entonces, para entender como podemos y debemos comunicar la fe en nuestros tiempos, a mi entender, se encuentra en ese mandato al final de la parábola: «vete y haz tu lo mismo». La credibilidad del mensaje cristiano depende de la autenticidad con que vivimos y ponemos en práctica la Palabra enseñada por Cristo. El catecismo, la celebración de los sacramentos, los documentos de la Iglesia, nuestras procesiones y devociones particulares y tantas otras formas de comunicación de nociones e ideas cristianas no convencen a nadie si están separadas de una vida que muestra aquel rostro humano de Dios en nuestros tiempos.
A. La Misericordia
El cristianismo no es una teoría entre otras igualmente válidos. Es el camino revelado por Dios por el cual cumplimos el Plan Divino de la creación. Jesús dijo, claramente, Yo soy el camino. Saber como ser cristiano, entonces, requiere que miremos a Cristo y que le imitemos. Y, sin duda alguna, la lección más importante que podamos aprender de la Vida de Jesús, es la práctica de la misericordia. Para el cristiano, como testigo de su fe en Jesucristo, no cabe la indiferencia frente al sufrimiento sea físico o mental, material o espiritual del otro que se nos presente en el camino de la vida. Nuestra condición de discípulos del Señor no nos permite decir: no es cosa mía o no soy guardián de mi hermano. La mejor y quizás única manera de anunciar el Evangelio para que tenga credibilidad es ser testigo de la misericordia de Jesús. El no hacerlo podría ser una ofensa muy grave de omisión y ser la causa del alejamiento de muchos de una vida de fe cristiana.
A veces, se confunde ser misericordioso con ser paternalista. La misericordia es entregarse al otro sin esperar una recompensa ni, la mayoría de las veces, gratitud. El samaritano arriesgó todo por un desconocido; Cristo entregó su propia vida sabiendo que muchos seguirían rechazándolo a través del tiempo. No se busca sentirse bien o mejor del otro; tampoco se busca utilizar nuestros compromisos sociales para ganar los aplausos de la gente o como una forma de controlarlos o dominarlos. Compadecer es sufrir con el otro, ponernos en su situación y ver la forma de ayudar al otro a ayudar a si mismo y recuperar su propia dignidad. Es decir, hacernos solidarios con los que sufren.
En el área socio económica, ni el paternalismo ni el asistencialismo de los gobiernos o de las fuerzas transnacionales, son actos de verdadera misericordia. Más bien son paliativos que encubren múltiples injusticias en la forma de distribución de las riquezas del mundo. La práctica de una supuesta misericordia para impresionar o engañar al que sufra no promueve la dignidad de las personas, más bien, humilla al pobre para exaltar al arrogante y poderoso. El amor eficaz en una sociedad donde reinen las injusticias solamente podría expresarse con actos de solidaridad con aquellos que son las víctimas de las injusticias.
B. La Solidaridad
Es evidente que al hacernos solidarios con las víctimas de las injusticias sea con los encarcelados injustamente, los trabajadores con sueldos infrahumanos, los habitantes de la selva, despojados de sus legítimas propiedades o otros negados del ejercicio de los derechos fundamentales correremos el riesgo de participar en sus sufrimientos, tal como hizo el Buen Samaritano. Sin embargo, que nos queda como cristianos si queremos realmente transmitir una fe viva en el Evangelio y sus valores sino hacernos solidarios con aquellos que busquen la justicia de Dios y, juntos, construir el Reino de justicia, paz y amor que Cristo anunció.
Hay un refrán, muy cristiano, que dice que Dios odia al pecado pero ama al pecador. Es la expresión máxima de la misericordia divina amar al enemigo. No se trata de perdonar a los enemigos, ignorando, olvidando y quedándonos impasibles ante su mala conducta; esto sería contrario al verdadero amor. Se trata, más bien, de amar y trabajar para el bien de los que nos odian y persiguen.
En nuestra sociedad, hay abismos de muerte que separan y enfrentan a los seres humanos. Parejas, que un día se unían en el amor, se separan y viven en enemistad; pueblos ricos y pueblos pobres, enfrentados por una deuda que ni se perdona ni se pueda pagar; partidos políticos enfrentados en el revanchismo, sin pensar en el bien común de la Patria. Frente a todas estas situaciones, lo cristiano consiste en promover el diálogo y la fraternidad, única manera de poner en práctica el mandato de Cristo a perdonar a los enemigos: Padre, perdónalos por que no saben lo que hacen.
C. El Perdón y la Tolerancia
La práctica del perdón misericordioso requiere que también tengamos la mente abierta para aceptar a todos aquellos que son diferentes que nosotros. Vivimos en una sociedad muy pluralista: diferentes etnias, culturas, idiomas; diferencias sociales y religiosas. Anunciar el evangelio en un mundo cada día más chico, exige que seamos tolerantes de todos aquellos que no piensen o actúen como nosotros. No cabe separaciones entre los llamados conservadores o liberales. Nadie es dueño de la verdad y la única Verdad absoluta es Dios mismo. Jesús no impuso sus enseñanzas a fuerza de la violencia o de la ley. Su parábola del trigo y la cizaña nos manifiesta la tolerancia de Dios mientras la pedagogía de Jesús nos enseña la paciencia y perseverancia que es la esencia de su misión.
IV. COCLUSIÓN
Transmitir la fe en un mundo globalizado evidentemente no es fácil. Sin embargo, es la tarea que los creyentes en Jesucristo hemos recibido. El proyecto de los constructores de la primera torre de Babel fue llegar a ser como Dios invadiendo los cielos. El proyecto de la globalización o segunda torre de Babel también quiere mostrar que el hombre, sólo, es capaz de crear un mundo nuevo sin el cielo nuevo. El nuevo dios o ser supremo es el hombre mismo y su ídolo de adoración es el mercado libre. Es una nueva religión que exige sacrificios humanos y en que solamente los fuertes sobrevivirán.
Como Dios bajó a la llanura y trajo abajo a la primera torre, también se ha hecho presente en toda la historia del hombre, destruyendo todos los mitos de los dioses falsos que siempre tienen sus profetas y portavoces. En nuestros tiempos sigue anunciándose aquella voz redentora de Cristo, a través de los cristianos, guiados por el Espíritu, indicando el auténtico camino de la humanidad. La víctima de sacrificio sigue siendo Cristo eucarístico con quien todas las víctimas de los dioses falsos puedan identificar. El es el Buen Samaritano; el es el rostro humano de Dios.
Como católicos, inspirado y sostenido en nuestra fe por la resurrección de Cristo su gran victoria sobre el último enemigo la muerte, sufrimos la gran tentación a un triunfalismo falso. La Iglesia, es decir, el conjunto de los creyentes en Jesucristo, muestra su poder, no a través del dinero, poder político o manipulación de las mentes humanas, sino a través del servicio humanitario a las víctimas del mundo. De esta manera, el Evangelio, puesto en práctica, muestra siempre el rostro humano de Dios y permite que las víctimas de las injusticias y crueldades pueden identificarse más plenamente con Él que se hizo víctima para todos. Requiere, por supuesto, una auténtica humildad y confianza en el Dios de la Vida. Como dijo Jesús a sus Apóstoles: no teman, soy yo. Y, también, cumplirá su promesa hecha al final de su misión: estaré con Ustedes hasta el fin de los tiempos.
BIBLIOGRAFÍA
Revista: ALTERNATIVAS:
Globalización y responsabilidad Moral - José Ramón López de la Osa, O.P.
El Fenómeno de la globalización y la Doctrina Social de la Iglesia - Gregorio Iriarte, OMI Economía y Teología - Jung Mo Sung El Evangelio en un Cambio de Época - Fr. Jesús Espeja, O.P