LOS DESAFIOS DE LA EVANGELIZACIÓN HOY

I. INTRODUCCION

Desde el principio de esta reflexión me gustaría hacer un cambio en el título de nuestro tema. Quizás les parezca simplemente un asunto semántico o un capricho pero tal como presentamos nuestro pensamiento afecta profundamente las conclusiones a que podemos llegar.

Tal como está presentado, el título, es decir, La IV Conferencia Episcopal Latinoamericana y Los Desafíos de la Evangelización Hoy, podría hacernos pensar que vamos a estudiar un documento elaborado en Santo Domingo el mes pasado y encontrar entre las conclusiones una lista de desafíos que podemos estudiar para saber que debemos hacer en adelante como portadores del Evangelio. Y tranquilamente, una vez más, documento en mano, y después de múltiples reuniones, podríamos hacer un plan de trabajo conforme a los desafíos planteados.

Pero, si el título de nuestra presentación fuera: Los Desafíos de la Evangelización Hoy y la IV Conferencia Episcopal Latinoamericana, cambiaría radicalmente el enfoque de nuestro trabajo. Desde esta perspectiva, tendríamos que partir de un análisis sincero y profundo de nuestra realidad para descubrir la presencia o ausencia de la vivencia de los valores del evangelio, dentro y fuera de la Iglesia. A base de lo que encontramos, recién podríamos reconocer los desafíos a una nueva evangelización y después confrontar lo encontrado con las conclusiones de Santo Domingo.

No digo esto para restar importancia de los documentos episcopales. Estos, se supone, recogen el pensamiento de toda la Iglesia latinoamericana, lo sintetizan y lo expresan en lenguaje teológico. El peligro es que nos quedemos satisfechos con lo dicho sin sentir la necesidad de descubrir "desde abajo" el sentimiento del pueblo. Es un poco como aquellas sectas que piensan que evangelizar consiste en leer el evangelio en voz alta; con esto se quedan contentos que "han evangelizados". Si ha hecho efecto o no, no es su problema.

Lo mismo pasa con algunos que piensan que citando las palabras de los Obispos en Medellín o Puebla o, ahora, en Santo Domingo es suficiente para convencer al mundo que la Iglesia está con ello.

Pero, seamos honrados; no nos engañemos. ¿Cuántas personas, a base de los documentos de la Iglesia latinoamericana publicadas en los últimos 25 años, han sentido la necesidad de volver al Evangelio? ¿Cuántas personas siguen pensando que la Iglesia está identificada con el poder político a pesar de su 'mea culpa' en Medellín? ¿Cuántas más no se convencen que la Iglesia es la Iglesia de los pobres, a pesar de su declaración de una opción preferencial por los pobres?

No se si realmente captan mi problema. No es con el contenido de los documentos que los obispos y los teólogos producen. Todo lo contrario: el contenido siempre es muy iluminador y no un poco desafiante, sobre todo a nuestros intelectos. Y, porque es así, hay un gran riesgo que se confundan el anuncio de una verdad intelectual, sea de los documentos o sea de la Palabra de Dios misma, con Evangelización. Y la Evangelización es más, mucho más, que esto.

II. NUEVA EVANGELIZACION

Y este nos trae al asunto de fondo: ¿Qué es evangelizar? Si no estamos de acuerdo en cuanto a lo que entendemos cuando hablamos de la "evangelización", tampoco vamos a poder ponernos de acuerdo en cuanto a los desafíos para su realización. Así, a mi modo de pensar, hay un desafío previo a toda discusión de los desafíos que se presentan a la evangelización: ponernos de acuerdo, como Iglesia, en cuanto a lo que es "evangelizar" en América Latina hoy. Según como concebimos lo fundamental determinará como concebimos los desafíos y las tareas y la metodología para confrontarlos. Y, precisamente sobre este tema central no hay solamente ambigüedad sino posiciones realmente opuestas. Todas las polémicas, durante este último mes, sobre los 500 años y la primera evangelización de América, nos han ayudado a tener una perspectiva histórica sobre los "aciertos y errores" de la primera evangelización, pero, la lección de la historia no ha sido asimilado por muchos a través de estos cinco siglos.

Después de la Palabra de Dios, recogida en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, la Exhortación Apostólica "Evangelio Nuntiandi" o "Anunciando el Evangelio" del Papa Pablo VI es una fuente de extraordinaria importancia para iluminarnos e instruirnos en cuanto a nuestra búsqueda actual. Allí, el Papa, recogiendo las conclusiones del Sínodo extraordinario de los Obispos después del Concilio Vaticano II, define la misma razón de ser de la Iglesia en términos de evangelizar. En el número 14 de ese documento, el Papa insiste que Evangelizar es la misión principal de la Iglesia, su vocación, su identidad más profunda: la Iglesia nace y existe para Evangelizar. Y Evangelizar es hacer lo que hizo Jesús, el primer evangelizador, nada más y nada menos.

¿Y qué hizo Jesús? El mismo nos dice lo que venía a hacer: "El Espíritu de Dios está sobre mi. El me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver, a despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor". (Lc. 4, 18 - 19). En otras palabras, como nos dice San Marcos, Jesús "empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios y hablaba en esta forma: 'el plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Conviértanse y crean en la Buena Nueva." (Mc. 1, 14 - 15)

Evangelizar, entonces, esencialmente consiste en anunciar la Buena Noticia que Cristo anunció a los pobres: el reinado de Dios ya está cerca, ya está dentro de nosotros. El reino de Dios incluye, pues, la liberación de todos los males y la oferta de vida plena, tal como Jesús manifestó en sus obras: "pasó por el mundo haciendo el bien y sanando a cuantos estaban dominados por el demonio, porque Dios estaba con él." (Hch. 10, 38)

La evangelización representa una tarea muy amplia y profunda porque el Reino no puede ser reducido a la salvación meramente personal, por más necesario que este sea; Tampoco puede limitarse al anuncio del más allá aunque este sea su consumación final. También el Reino abarca lo histórico y lo concreto de la vida de la sociedad, como enseñó Jesús al perdonar pecados y sanar enfermos. Al anunciar el Reino de Dios y sus valores, implícita o explícitamente, estamos denunciando el Anti-reino que por tanto tiempo ha esclavizado a las personas humanas, pauperizándolas y privándolas de una vida plenamente humana y digna. Por esta razón el Evangelio es especialmente Buenas Noticias para los empobrecidos del mundo y no tan buenas para aquellos que se enriquezcan a costo de ellos.

No es suficiente que se anuncie los criterios del evangelio sino este anuncio tiene que estar acompañado por el testimonio personal y eclesial de modo que haya coherencia entre palabra y vida, como apreciamos en Jesús. En realidad, al evangelizar estamos actualizando a Jesús, o, mejor dicho, el Espíritu de Jesús sigue actuando en la Historia a través de su Iglesia que continúa la tarea comenzada, es decir, construir el Reino. Por eso, como Jesús mismo, se dirige la palabra a toda la persona y a todas las personas y los valores anunciados abarcan lo material y lo espiritual, la cultura, la familia, la economía, la política, el medio ambiente, es decir, la vida toda. Y, en fidelidad a Jesús, esta palabra está dirigida primero y principalmente a los destinatarios privilegiados de Dios, los pobres. Si no es Buena Noticia para los pobres, no es el evangelio de Jesús.

III. PRIMERA EVANGELIZACION

Es evidente, de todo lo dicho sobre la primera evangelización y la conquista que para las grandes mayorías de este continente hacía falta un elemento esencial en el primer anuncio del evangelio: no ha sido percibido como una buena noticia para los pobres. No podemos dudar del gran esfuerzo misionero de estos primeros años. Ha habido catequesis, educación, promoción de la salud y el arte; también hubo un gran trabajo de promoción humana y pastoral y una presencia profética y liberadora muy importante. Hasta ha habido santos de verdad como fruto de todo este esfuerzo como San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima. Pero todo esto se llevaba a cabo en un contexto sociopolítico exageradamente antievangélico. La Palabra fue unida a la espada; el evangelio a la conquista.

El Bautismo que debe producir la libertad de los hijos de Dios también produjo la pérdida de la libertad humana; el anuncio del Dios de la vida fue unido a la experiencia del saqueo, violación, agresión y muerte. El mandamiento de amor anunciado por los misioneros fue negado en la práctica por los conquistadores que también se proclamaban cristianos. Así que hubo una aceptación del evangelio en la "cabeza" sin, muchas veces, una asimilación en el "corazón". Y es en el "corazón donde reside el núcleo más profundo de la persona porque está allí donde se enraiza la cultura, la tradición, la libertad, la emotividad y la vida religiosa.

Evidencias de esta dicotomía perduran hasta el día de hoy. En primer lugar, en este continente que se llama cristino y católico, hay una evidente contradicción entre la fe proclamada y la vida vivida que se manifiesta en la brecha creciente entre ricos y pobres y la abierta violación de los derechos de los más pobres. También es notable la diferencia entre el credo oficial y el credo popular que se expresa en la religiosidad popular. Otra consecuencia de la situación producida por el anuncio original es la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas que solamente puedan brotar si la Palabra de Dios haya calado en el corazón mismo del pueblo y si haya sido recibido como buena noticia.

Quizás uno de los primeros desafíos para una nueva evangelización de América Latina hoy es reconocer, humildemente, las deficiencias de la primera y que de ahora en adelante el anuncio del evangelio se hará de tal forma que pueda ser percibido por los pobres como buena noticia para ellos. Digo esto porque no es de todo claro que haya un acuerdo dentro de toda la Iglesia que los métodos de la primera evangelización hayan tenido deficiencias. ¡Ojalá que me equivoque!

IV. LA SITUACION ACTUAL

Antes de explicar porque pienso esto, debemos intentar presentar unas pistas para descubrir los desafíos que América Latina del siglo XXI presenta a una nueva evangelización. Será una honesta evaluación de la situación que nos ayudará a definir los métodos adecuados para que el Evangelio sea anunciado como Buena Nueva para los pobres de este continente.

En primer lugar, encontramos que, desde Medellín y Puebla, a pesar de todo lo dicho sobre la realidad, hay una situación de pobreza creciente y aguda. En muchas partes esta situación no solamente ha provocado movimientos de violencia sino en la mayor parte de la población hay una desesperación manifiesta, acompañado por una desconfianza total en los políticos y en los modelos económicos propuestos.

En segundo lugar, a pesar de anuncios de moralización en casi todos los países latinoamericanos, crece por doquier la corrupción a todo nivel y la distancia entre una minoría cada vez más rica y la mayoría cada vez más pauperizada.

En tercer lugar, la cultura propia y el estilo de vida popular se ven amenazados de forma agresiva por los medios de comunicación social que intentan implantar otros modelos de vida y comportamiento, proponiendo el consumismo como camino a la felicidad. Todo esto va en contra de la sencillez del pueblo y, además produce aspiraciones inalcanzables.

En cuarto lugar, hay una fuerte presencia de la cultura moderna secularizada que con su espíritu racionalista y escéptico choca con la tradicional religiosidad del pueblo y afecta, sobre todo a la juventud y las élites urbanas. También aún están presentes los gérmenes del ateísmo marxista y otras ideologías que han sembrado tanta incertidumbre entre los jóvenes y políticos de la izquierda con una cosmovisión materialista de la realidad.

En quinto lugar, en muchas partes, las culturas y religiones indígenas brotan con fuerza sin que muchos entienden si son compatibles con la fe cristiana y, en caso de que la respuesta fuera afirmativo, cómo es esa compatibilidad.

En sexto lugar, el crecimiento alarmante de las sectas fundamentalistas no solamente significa una utilización de lo religioso para fines políticos sino, más profundamente, significa que básicamente hay una insatisfacción en muchos cristianos respecto a sus iglesias y una falta de identidad cristiana clara.

Y, por último, añadimos a todo esto la falta de formación religiosa, la incoherencia entre la fe y la vida, la falta de vocaciones y de agentes pastorales, sobre todo para el campo, los problemas morales de la familia, la juventud, el machismo, la drogadicción, el narcotráfico, la violencia armada frente a la violencia estructural.

Es en este mundo donde tenemos que evangelizar y no en otro. Es en este mundo donde tenemos que llegar y decir, como el Señor, "Conviértanse y crean; el Reino de Dios está cerca".

Pero no todo es negativo y, por eso, también, es necesario tomar nota de los signos de vida presentes en el Pueblo como signos de la Presencia de Dios y su Espíritu. Porque es el Espíritu de Dios que Jesús manda a los pueblo y sin su presencia, por supuesto, no hay evangelización. Veamos algunos de estos signos de la presencia del Espíritu:

-- la fe profunda y sencilla de la religiosidad popular;

-- el renacer de la vocación laical y su deseo de una mayor formación cristiana;

-- las comunidades eclesiales de base en muchas partes de América;

-- el surgimiento de la mujer como agente en la sociedad y en la Iglesia;

-- los intentos de la inculturación de la pastoral;

-- las nuevas formas insertadas de la vida religiosa;

-- toda la renovación catequética, social y pastoral que en muchos lugares se ha comenzado;

-- la capacidad de organización del pueblo;

-- la toma de conciencia de los pueblos indígenas de su dignidad y sus derechos;

-- la voz de los mártires latinoamericanos que pide coherencia con su testimonio sangriento.

V. POSTURAS FRENTE AL DESAFIO

Frente a todo esto hay básicamente 2 posturas al definir los desafíos y las prioridades para una nueva evangelización de nuestro continente. Como veremos, la postura se define desde donde se mira la realidad: desde arriba o desde abajo; desde el norte o desde el sur; desde los centros de poder o desde la periferia.

Por un lado, un sector de la Iglesia de América Latina considera que el problema central del continente es la desintegración a todos los niveles. Está en peligro el substrato católico y la cultura cristiana debido al avance de la cultura moderna que es secular, arreligiosa y, en muchos casos, atea.

Para este sector de la Iglesia, la nueva evangelización es, ante todo, una tarea doctrinal, ideológica y espiritual. Se trata de preservar la fe del embate de la modernidad y hacer de América Latina un continente católico. Por eso piensan que es necesario lanzar una cruzada de evangelización masiva, apoyado en los medios de comunicación masivos, los sectores de las clases medias y altas y en los nuevos movimientos espirituales que han surgido en estos últimos años en nuestro medio. La Iglesia tiene que ser fuerte, integradora, combativa y militante; una especie de nueva cristiandad. Hasta que algunos piensan que es necesario el apoyo de las fuerzas armadas.

Se trata no solamente de corregir los errores de la primera evangelización sino, sobre todo, corregir las desviaciones que, según su concepto, han surgido desde el Concilio Vaticano II y Medellín. Hay programas como Evangelización 2000 y Lumen 2000 que se sitúan en esta óptica. Se trata de una gran campaña de catequesis desligada de los condicionamientos históricos del pueblo, con el apoyo financiero de grupos poderosos, conservadores política y eclesialmente.

Desde esta perspectiva, no juega papel alguno la sangre de los mártires latinoamericanos o la voz profética de tantos Obispos, sacerdotes, religiosas o comunidades cristianas de estos últimos años. Para ellos, la Teología de la Liberación está desactualizada debido a la caída del socialismo y, en su lugar hay que elaborar una teología de Creación y desarrollo. Su preocupación es esencialmente eclesiocéntrico.

Este análisis de la problemática de América Latina contiene elementos comunes con los análisis que justifican la conquista y los métodos de la primera evangelización en que juzgan las necesidades nuestras desde las del primer mundo. No quisiera negar que la secularización de la modernidad sea un problema pero no es el problema fundamental para la evangelización de América hoy.

Por el otro lado, hay el sector de la Iglesia que cree que el mayor desafío a la evangelización de América Latina es la pobreza. El problema fundamental de este continente es el hambre, la mala distribución de la riqueza - frutos de la dependencia y de la injusticia estructural. En los últimos 10 años, a pesar de todo lo dicho, lejos de haber disminuido, ha crecido aún más. Esta situación afecta negativamente toda la vida: salud, familia, educación, trabajo, vivienda, cultura, religión, moral, Iglesia.

El gran desafío a la evangelización es que el pueblo capte el Evangelio como buena nueva y liberadora. Su pobreza es estructural y una consecuencia de estructuras económicas injustas. Quizás más que nunca este es identificable en el sistema neo liberal que predomina en el escenario mundial.

Frente a esta situación, la evangelización no puede reducirse a algo meramente doctrinal ni algo meramente espiritual. La Nueva Evangelización ha de ser buena nueva para los pobres y para el pueblo pobre. Tiene que ser global de tal forma que busque la transformación total de la sociedad, según los criterios del Reino de Dios y el Seguimiento de Jesús. La Iglesia tiene que ser no solamente la Iglesia de los pobres sino una Iglesia pobre.

Desde esta perspectiva, la Nueva Evangelización no comienza desde ahora sino ya comenzó con el Concilio Vaticano II. Al reunirse los Obispos latinoamericanos en la II Conferencia Episcopal de Medllín, dieron inicio a una linea pastoral orientado desde los pobres hacia el Reino. Con esta visión de la Iglesia se valora mucho el testimonio de los mártires y de tantos cristianos comprometidos con el pueblo. Monseñor Oscar Romero y centenares de sacerdotes, religiosas y laicos de la Iglesia latinoamericana prolongan la tradición de los grandes defensores de los pobres de los tiempos coloniales, como Bartolomé de las Casas y Toribio de Mogrovejo.

En esta línea de pensamiento, en la Nueva Evangelización, juega un papel muy importante la voz profética frente a los abusos que provienen de las injusticias estructurales que producen la pobreza. En lugar del egoísmo y el lucro, propuestos por el sistema neo liberal, se anuncia una civilización de trabajo y de solidaridad; en lugar de un sistema deshumanizante que sirve solamente para enriquecer a una minoría a costo de las mayorías, se anuncia la necesidad de construir la civilización de amor, con respeto mutuo por la dignidad de cada uno.

También, en esta misma línea, se ve la necesidad de hacer respetar todas las culturas, no pensando en una cultura cristiana como una especie de nueva cristiandad, sino como una expresión del evangelio y sus valores en todas las culturas. Porque no se trata solamente de la dimensión económica de la pobreza sino también de la que proviene simplemente por pertenecer a una minoría cultural, como los indígenas, afroamericanos y las mujeres del continente.

La Nueva Evangelización, desde este punto de vista, representa siempre una línea de continuidad con la de la voz de los vencidos en la conquista y de los grandes misioneros defensores del indio en la primera evangelización.

Sin duda, existe la propuesta de una tercera alternativa, una posición intermedia, centrista o neutral. También había una posición semejante en tiempo de la conquista pero, al final, terminaba justificando la conquista. Hablar de sombras y luces, de secularización y pobreza, de sectas y hambre, a fin de cuentas, no define ni el problema principal ni el punto de partida. Por supuesto hay que evitar polarizaciones y simplificaciones. Pero ¿cuál es la fuerza integradora,? ¿cuál es el lugar teológico? Lo que va a determinar nuestra acción es el punto desde dónde miramos toda esta realidad, como ya se ha dicho. ¿Desde arriba o desde abajo? ¿desde el Norte o desde el Sur? ¿desde la corte de Castilla o desde los indios crucificados? ¿desde la periferia o desde el centro? ¿desde los sectores dirigentes o desde los mártires?

VI. PAUTAS PARA FORMULAR CRITERIOS

Frente a toda esta situación, ¿qué postura tomamos? ¿No será que la conmemoración de los 500 años y la IV Conferencia Episcopal de Santo Domingo indica un Kairos, un momento de gracia, un tiempo favorable para tomar conciencia de muchas cosas y realizar un compromiso cristiano como Iglesia local, peruana y latinoamericana? ¿Qué criterios podemos formular para la nueva evangelización desde nuestros grupos apostólicos y pastorales?

Frente a la realidad descrita más antes y tomando en cuenta los signos de vida y esperanza presentes en el pueblo, creo que podemos decir que la Nueva Evangelización debería ser: liberadora, profética, inculturada y desde abajo. También pienso que no me puedo equivocar si digo que la Nueva Evangelización deberá contar con nuevos agentes evangelizadores, es decir, los laicos, sobre todo, los jóvenes y las mujeres. Además deberá ser una acción comprometida donde hay una coherencia entre palabra y vida, siguiendo el ejemplo de nuestros mártires de América Latina.

Quizás, ahora, desde el trabajo en grupos salgan algunas luces, algunas pistas para el trabajo concreto de la evangelización en nuestro medio. Sugiero, entonces, que trabajen las siguientes preguntas:

1. De las dos posiciones principales que definan los desafíos de una nueva Evangelización, ¿Cuál de ellos será buena noticia para los pobres? ¿por qué?

2. ¿Cuál sería la prioridad más importante y más urgente en nuestro medio, de cara a la Nueva Evangelización según los criterios manifestados?

3. ¿Qué tendríamos que cambiar o hacer en nuestro modo actual de evangelizar para que el evangelio sea percibido como 'buenas noticias' por los pobres?

4. ¿Cómo podemos comprometernos, como personas y como grupos, al desafío de la Nueva Evangelización?

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