Espacio para  mujeres que han dejado huellas

 

HNA. ANA JULIA PARRA PARIS

De verdad que “Vivos o muertos del Señor somos”. Hablar de Ana Julia nos lleva a vivir la experiencia de sentirla viva entre nosotras, llegando al final de sus días con el entusiasmo y la pasión del artista que llevaba dentro y creció con ella.

Ana Julia llegó a la Provincia de “Los Andes” cuando ésta estaba constituida todavía en dos Regiones. Su primera comunidad fue Chipiriri, Bolivia en  1971, donde mucha gente da aún cuenta de su celo apostólico cuando visitaba los hogares y/o hacía Catequesis.

 De 1972 a 1978 vivió en la Casa Central de Cochabamba, dedicada a la Catequesis parroquial. Después de varios años en la Provincia de Medellín, fue enviada a Lima, en octubre de 1983, año de la erección de la Viceprovincia. En la Casa Provincial se entregó, con toda su preparación y capacidad artística a la colaboración en la secretaría provincial, a la biblioteca de la casa y a la pastoral de enfermos en la parroquia “Corazón de María”, de los padres Claretianos.

Permaneció en Lima hasta el 16 de agosto de 2002, cuando se fue a Medellín, donde deseaba morir. Poco a poco como la llama que fue encendida para alumbrar, fue apagándose y el 13 de febrero de 2004,  el Señor la invitó a celebrar su PASCUA definitiva.

  

Pinturas de Hna. Ana Julia Parra París: Marie Poussepin.

En el corazón de las hermanas de la Provincia de Los Andes queda grabada la imagen de la religiosa enamorada del Señor, fiel a la autoridad, respetuosa del pensamiento de sus hermanas, abierta a los cambios en la Congregación. En la Iglesia y en el mundo, el testimonio de una mujer consagrada, acogedora, amante de la juventud, sencilla en sus relaciones con la gente y con sus hermanas, humilde para asumir con serenidad la pérdida de la audición y las limitaciones propias de los años y de su enfermedad.

En síntesis, una vida llena de ternura y de la bondad de Dios, una vida de fidelidad, vivida en la paz y la alegría.

 

 

 

Niños: Como éstos, Ana Julia tenía una gran sensibilidad para captar la ternura y la inocencia del niño.

En todas sus pinturas reflejaba la delicadeza y la ternura de Dios Padre. Fue éste, EL ARTE, el mejor medio de anunciar a Jesucristo, de vivir y morir en el ejercicio de la caridad.

Los lazos de fraternidad y los sentimientos de cariño, admiración y gratitud que siempre nos unieron a nuestra inolvidable Ana Julia, toman ahora una dimensión trascendente y por lo mismo, mucho más intensa que nos permiten participar con ella de la gozosa acogida y del júbilo inefable que habrá experimentado en el encuentro definitivo con la Trinidad que ella tanto amó y anheló contemplar. Ya no necesita pintarla, ahora se extasía contemplándola.

Pinturas Varias: La Hna. tiene muchas otras obras de arte en otras provincias.